Quizá desde el principio estuvo mal por que cuando te conocí yo estaba escribiendo historia con alguien más. Quizá no debí enfocarme tanto en preparar el terreno para que "lo nuestro" prosperara por que cuando al final el camino quedó libre para ambos, nos ayudamos el uno al otro para lograr otras conquistas. Quizá tampoco debimos mezclar el ron con el tequila y las cervezas en aquel cumpleaños de Vicky y quizá tampoco debiste haberme ayudado a preparar mi exposición del modelo atómico para la clase de electricidad.
No obstante, nada de eso importa por que haiga sido como haiga sido fueron los mejores años de mi vida, el fuego de mi juventud (si es que todavía quedaba algo) y hasta ese entonces, había conocido a mi arquetipo de mujer ideal; así que esos quizases, siento, se dieron en el momento adecuado y nunca me voy a arrepentir a pesar de que hicimos un poquito miserables los momentos de algunas personas que sin deberla ni temerla se encontraron en las vías de estos dos trenes que en algún punto del camino adelante se terminarían por descarrilar.
Recuerdo con mucha ternura tu excusa de ir a hacer válido el seguro de tu celular, o la extraña casualidad de terminar juntitos en las jugadas de billar y sobre todo las excusas de ir a por panecito dulce y terminar platicando por horas en la placita del compositor. Todo fue cimentando el vínculo afectivo más imponente que haya trabajado y que no quería terminar de construir por que mi estúpida cabezota no dejaba de pensar (y nunca dejó de hacerlo) en cómo iba a doler al final y qué tan grande iba a ser el hueco cuando la demolición ocurriese, así que empezó a hacerse muy presente el miedo de querer mucho y confiar mucho por la muy latente posibilidad de que lo arruinara tal como lo había hecho antes, tal como terminé por hacerlo durante y después y con ello echara a perder muchas cosas en el trayecto de esos trenes. Sin embargo, fui aprendiendo poquito a poquito a apostarle a perder, por que eso significa querer bonito a alguien y que chingue a su madre lo que pase después. A mis amigos siempre les aconsejé ir y darse en la madre por culpa del amor y yo que lo decía con bastante seguridad no estaba dispuesto a hacerlo por ese pendejo miedo.
Y pendejo yo y mil veces pendejo y pendejo por todas las veces que le jugué al muerto por dentro, al melancólico y al miserable por que al final terminó por matarme de verdad (pero figurativamente por que si no ¿Cómo estaría escribiendo esto? pendejos ustedes también) cuando la verdad es que lo tenía todo, recibía mucho amor, cariños y miles de detalles súper lindos e inteligentes que me ponían todavía más en desventaja frente al temor de dejarme caer sin rodilleras en tus brazos; y repito, pendejo, pendejo y rependejo por que cuando empecé a darme cuenta que se fueron haciendo menos, era cuando más los empecé a valorar y a extrañar.
Pero bueno, eso es sólo una pequeña catarsis de entre otras muchas cosas que tengo sofocándome el pensamiento y que si no las saco y aunadas con las tareas y los exámenes de la maestría van a lograr que mi cabeza explote pero, por enésima vez, en formas no sexuales.
Chava.