lunes, 19 de febrero de 2024

El eurotrip

Salí a las cinco de la mañana de mi casa para caer a la casa de la Franca y en el trayecto un anormal al volante se volteó en uno de los túneles del sarape y nos retrasamos, no eran ni las cinco de la mañana. Dejamos Saltillo rumbo al aeropuerto internacional de Monterrey y a medio camino y en medio de la densa niebla que nos regala seguido la autopista, me avisaron por correo que se cancelaba el vuelo a CDMX. Empezando a buscar otra manera de llegar a la perra capital del país, pálido, me llega otro correo diciendo que el vuelo original se iba a retrasar mínimo dos horas, probablemente era por que siempre sobrevenden esos pinches vuelos y a ver quién cae en esa mentira y acepta la reprogramación del vuelo y la miserable bonificación del 25%...equis; todo ok por que para entonces serían como las dos de la tarde y el vuelo a Madrid salía hasta las seis. 

Llegamos al AICM sin muchos contratiempos, cambiamos de terminal y saliendo de comprar cigarros en el Oxxo nos topamos a Jorge Pietrasanta, nos vimos, nos saludamos y ya, Gabriel de Anda ya iba muy lejos. Cansados, con mucha hambre y con mucha sed nos metimos al Wings a comer. Pedí lo que hasta entonces sería la cerveza más cara de mi vida y de repente TODO se empezó a mover. Poniendo en duda si todo se movía por no traer nada en el estómago y por si el tomar alcohol ya me estaba poniendo ebrio, volteé a ver a la Franca buscando respuestas pero bajo la misma duda, él también se me estaba quedando viendo. Fue entonces que caímos en la realización que no estábamos pedos sino que estábamos presenciando un SISMO, (que luego supimos fue de 5.7 grados), la gente empezó a salir en chinga del restaurante, hubo pánico y mucho movimiento (humano y telúrico) pero nosotros nos quedamos atónitos y petrificados en nuestras sillas, en fin, una genuina experiencia CDMXiquense. Fuimos por nuestros pases de abordar y después de pasar los filtros de seguridad y esperar y esperar y aguantar a unas morras gorrosas sentadas enfrente de nosotros en las sillitas, tomamos el vuelo a España.

Llegamos a Madrid y tomamos un Metrobús a la central de Atocha, caminamos como una hora hasta llegar al departamento del, la, le prima/o/e(? de la Franca. Charly nos recibió con los brazos abiertos y después de instalarnos y cargar los teléfonos nos fuimos a dar el rol por la capital española. El estadio del Real Madrid está equis y se ve mejor en las intros del FIFA 07, la mercancía está carísima y nos agüitamos por que no alcanzamos boletos para el tour :( , caminando en las cercanías del estadio pasamos por un restaurante y ahí estaban las morras gorrosas del aeropuerto, nos lanzamos miradas culeras mutuamente. Me impresionó que venden cheve en el Carls Jr. Después de eso conocimos el palacio real, entramos a la catedral, recorrimos el centro, la plaza mayor, otra plaza importante, recorrimos la gran vía (tipo TimesSquare según ellos) y caminamos y orinamos en el parque del Retiro, contemplamos el museo del Prado y pasamos por la puerta de Alcalá. Es una ciudad muy bonita si me lo preguntan y destaco que NO huele a orines como otras grandes ciudades dónde he puesto pie. De regreso al depa llegamos a una sidrería dónde probé una cerveza de barril riquísima y probé una de las mejores botanas que me han tocado en algún bar/cantina. De regreso ahora sí, nos ofrecieron marihuana y cocaína afuera de un Carrefour. Compramos caguamas en una tiendita de la esquina y nos volvieron a ofrecer de la cocaína que estaban cortando arriba de un bote de basura en la esquina del edificio del departamento. Nos negamos respetuosamente y procedimos a subir, beber el elíxir que habíamos comprado y dormir por que teníamos que tomar un vuelo a las ocho de la mañana. Con sueño, con frío (jaja, pendejo no sabía lo que me esperaba) y sin bañar tomamos el vuelo hacia Paris.

Aterrizamos en Orly y la gente aplaudió al aterrizar(?. Todos pendejos y perdidos mejor tomamos un Uber hasta la ubicación del Airbnb en el distrito XVI por que parecía complicado hacerlo por metro. Llegamos, un baño, a cargar el cel. y a la calle. El viento soplaba bastante y soplaba muy frío, había llovizna y estaba nublado pero había muy buena visibilidad. Cruzamos el Sena y caminamos hasta la torre Eiffel, ahí nos encontramos con Dariush. Pasamos debajo de la torre (la torre es IMPRESIONANTE desde donde la veas) y caminamos por el Champ-de-Mars rumbo al Hôtel des Invalides pero como nuestro acceso era hasta más tarde seguimos caminando, en el interludio por fin pudimos comer y tomar algo (el croissant y el café son una cosa MARAVILLOSA también). En un interminable bucle de abrir y cerrar el paraguas, avanzamos y contemplamos el puente Alejandro III y nos tomamos fotos, cruzamos hasta el otro lado pensando que era buena idea y llegamos a los Grand y Petit Palais. Después de ver y tomar más fotos emprendimos el regreso a los Invalides. Mientras admiraba la estatua de Winston Churchill dejó de chispear para empezar a llover, a mitad del camino nos atacó un diluvio bíblico que duró 5 minutos y que nos dejó completamente empapados, los paraguas fueron inútiles ya que el agua nos atacó por todos lados. Finalmente, bien mojados y cabizbajos, nos metimos al museo. La tumba de Napoleón está muy cabrona al igual que la exposición de la segunda guerra mundial. Me compré un par de calcetines de Napoleón en €17 y nos metimos al baño a secarnos lo que pudimos y cambiarnos los calcetines mojados. Medio secos, con un chingo de frío y hambre, seguimos caminando. Ya de noche (a las cuatro de la tarde ya es de noche) llegamos a la Place de la Concorde que era donde ejecutaban a la gente que se portaba mal incluyendo a Luis XVI y a María Antonieta y nos metimos al mercado navideño que había ahí en el Jardin des Tuleries. Tomamos vino caliente y probé la exquisitez de los escargots, o caracoles, como le quieran decir. Le seguimos derecho hasta el Louvre y hasta Notre-Dame. La catedrala pesar de que la están remodelando, tiene una vista de no mames así que nos sentamos frente a la fachada y nos quedamos admirándola por un rato. Emprendimos la huida para ir por las maletas de Dariush que se iba esa misma noche a Berlín. Se fue el güey y la Franca y yo nos regresamos al Airbnb en metro. Todavía mojados llegamos a la estación cerca del alojamiento pero el hambre nos hizo caminar de regreso a buscar comida y un baño por que me estaba orinando. Después de mucho caminar llegamos a un McDonald's y pedí una royal con queso, no pude entrar al baño por que costaba cincuenta centavos de euro y para ese entonces todavía traíamos 0 en efectivo; oriné en la calle. De regreso al cuarto llegué por un kilo de arroz y cheves, llegando al cuarto estaba la dueña, nos había pedido que si podía quedarse con nosotros entonces pues compartimos, le puse el arroz a mis tenis y los puse en la ventana y me metí a bañar con agua calientita, nos fuimos a dormir.

Nos levantamos temprano para ir a ver a la Mona Lisa, llegamos al Musée du Louvre y nos formamos, estuvo chido por que fuimos como los sextos en entrar y todavía no se hacía la pinche filota. Entramos y empezamos el recorrido, la verdad las obras que expone son impresionantes y todo es sumamente hermoso, si te das prisa y vas temprano alcanzas a ver muchas muchas cosas. La Mona Lisa en sí es pequeña pero admirable y muy muy chingona, enfrente está la pintura de las bodas de Caná que abarca una pared completa y también está pasadísima de verga. Nos dimos tiempo para ir a desayunar ahí mismo adentro y seguir el recorrido, las esculturas están muy cabronas también y casi lloro cuando vi la Venus de Milo. "Terminamos" la visita y ahí mismo en el museo fuimos a cambiar unos euros, ya estaba hasta su puta madre la filona. Caminamos hasta la Sainte-Chapelle pero no compramos boleto entonces sólo contemplamos por fuera, volteé a ver la fila para entrar y nos hubiéramos llevado buen rato ahí. Nos dimos un rol por el barrio latino y nos entretuvimos viendo a señores jugar petanca, caminamos hasta Montparnasse y visitamos la tumba de Porfirio Díaz, Jean-Paul Sartre y otras. Como ya se iba a hacer de noche le dimos al cuarto para hacer maletas, en el trayecto compramos cheve y la pizza hut más deliciosa que he comido. Salimos con buen tiempo y en el trayecto en metro pasamos enfrente de la torre Eiffel justo cuando hacía un show de luces y estuvo muy cabrón. Nos bajamos y caminamos a la central donde tomamos el autobús rumbo a Alemania.

13 horas después y con ganas de partirle su puta madre a un negrito que no paró de mamar pero que iba con otros 11 entonces pues aguantamos su desmadre y el terrible olor que emanan; llegamos a Berlín.   Bajando del autobús caminamos como veinte metros y llegamos al hotel donde ya estaba Dariush. Nos instalamos, bañamos y cargamos el celular para irnos a conocer la capital alemana, me desayuné una Heineken que me compré desde París. El frío nunca dejó de estar de la chingada a partir de ese día. Tomamos el metro y cuando bajamos de la estación, otro negrito se la hizo de pedo al Diablo de la nada pero pues lo sordeamos y caminamos rápido, llegamos a la East Side Gallery que es el pedazo más grande que queda del muro de Berlín y en una tiendita de souvenirs compramos cerveza que nos la fuimos tomando mientras caminábamos viendo las pinturas, la venden de a 355 y 500 ml como las cocas. Con la combinación frío-chela nos dieron ganas de mear así que nos metimos a un centro comercial a buscar el WC y ahí, accidental y milagrosamente, conocimos la tienda REWE donde descubrimos que vendían comida muy barata y pues chida en general. Con un chingo de hambre y como por €4 ahí compré un chamorro entero de puerco con el que aguanté hasta la noche. Después de comer seguimos rumbo a la Alexanderplatz donde tomamos más vino caliente y más cerveza en un mercadito navideño, me traje el tarro de recuerdo. En la plaza comercial de enfrente fuimos a comprarnos una chaqueta que le hiciera frente a ese pinche friazo pero estaban muy caras entonces nos aguantamos, pasamos por Checkpoint Charlie y luego a un lugar que se llama "Topographie des Terrors" que era la central de la SS en tiempos nazi. Después caminamos hasta meternos a un lugar-callejón que decepcionaría mucho a nuestras madres y encontramos un bar que le recomendó una alemana a Dariush. Pinche lugar espectacular, ahí en el "Clash" tomamos chelas y ya peditos regresamos al hotel a cenar pizza cara y decepcionante y tomar chela un poco más barata y deliciosa hasta la inconsciencia. Al día siguiente desayunamos en el hotel y luego agarramos calle. Vimos el Monumento a a los judíos asesinados, pasamos por la puerta de Brandeburgo y compramos entradas para el edificio del Reichstag donde nos hicieron una carta formal mamadora para entrar. Unos morros nos quisieron tumbar feria pero los sordeé alv, pinche Franca sí les dio $10 usd. Caminamos hasta la catedral que está bien cabrona, nos metimos al museo Altes y después fuimos por una salchicha y por cerveza a un mercadito navideño cerca de ahí, seguimos y nos metimos a una iglesia que es la más antigua de Berlín o algo así y pasamos por más mercados navideños y luego no nos quisieron atender en un bar que tiene tres pisos hacia abajo que por que estaba TODO lleno y reservado. Fuimos a un bar español a tomarnos una cervezota, luego por cigarros y luego compramos souvenirs y más cerveza que nos la tomamos afuera de la tiendita mientras nos atacaba el frío. Caminamos más y entramos a la iglesia de Santa María y caminamos más y entramos a un bar de "hielo" donde pisteamos a -16°C. Fuimos a cenar salchichas con papas y curry y tomamos el metro de regreso al hotel. 

Desayunamos en un REWE (ahora pedí estofado de res y verduras) y luego  fuimos a la visita y recorrido por el Reichstagsgebäude, recorrimos la ciudad y tomamos cerveza en un bar fino donde casi no nos hicieron caras, la cerveza: increíble. Comimos-cenamos en otro REWE (pedí algo que era como pastel de carne) y fuimos a recoger las maletas al hotel. Echamos cheve esperando la hora y tomamos el autobús nocturno a Ámsterdam.

Llegamos a Ámsterdam mucho antes de que saliera el sol y nos estábamos convirtiendo en paletas, salimos de la central por que Dariush estaba desesperado por dejar el equipaje y supongo que por el frío así que fuimos a buscar dónde podíamos dejar las maletas por que el check-in en el hostal era hasta las cuatro de la tarde (mi culpa). El mapa nos mintió y caminamos demasiado y de oquis. Regresamos a la central y ahí estaban los lockers, el sol ya estaba saliendo entonces dejó de helar para empezar a hacer frío, la ciudad y arquitectura me parecieron absurdamente hermosas y desde temprano la ciudad entera huele a mota siempre. Me compré un café y un plátano y caminamos hacia el centro de la ciudad, llegamos al palacio real y admiramos. Ya entrada media mañana desayunamos en una cafetería más adentro de la ciudad donde pedí un desayuno inglés (huevos fritos, salchicha, pan tostado, verduras salteadas, mantequilla, frijoles en salsa de tomate) con cerveza de barril neerlandesa. Fuimos al recorrido de la experiencia Heineken, nos dieron cervezas y al calor de las copas Dariush y yo discutimos en torno al deporte, todavía no daban ni las doce. Seguimos recorriendo la ciudad y entramos al museo de Van Gogh y a la casa de Ana Frank, paseamos por el barrio rojo y buscando lugares para cargar el celular comimos una pizza estilo Nueva York que estaba equis pero el lugar estaba calientito y estaba barato. Hay un CHINGO de gente en bicicleta y en carritos eléctricos bien chiquitos. Ya más de noche y entre trabajadoras sexuales chambeando y ofreciendo su servicio en esas vitrinas grandes y luces rojas de neón, regresamos con rumbo hacia la central por que el hostal está cruzando el río y ahí en la central había que tomar el ferry. Nos instalamos y  nos regresamos al lobby por que dentro del hostal hay un bar, un antro y una sala de juegos y la madre; pedimos unos tarros de cerveza y nos fuimos a las mesas de billar. Fuimos por más cervezas y jugando billar se nos acercó un peruano con el que platicamos un rato, yo digo que su intención era que le invitáramos alguna droga por que #mexicanos y cuando vio que nomás no, ni dijo cámara ni nada y se fue. Pedimos cervezas y más cervezas (la más rica que había probado) y después todo está borroso. En la mañana por fin pude tomar un  baño después de como dos días y empacamos por que el pinche check-out era a las 10:00, recogimos todo y nos fuimos a tomar el ferry de regreso a la ciudad. Dejamos el equipaje en los lockers y buscamos dónde desayunar, llegamos a una cafetería con malas opiniones en Google a las espaldas de la iglesia Oude Kerk y esta vez pedí desayunó holandés (lo mismo que el inglés pero con ensalada en vez de frijoles) y café. Caminamos por las calles de la ciudad y por primera y única vez en todo el viaje vi un animal en la calle, era un gato que me ignoró cuando le hablé, las chicas de los aparadores seguían trabajando. Nos tomamos fotos y compramos souvenirs y dimos un paseo en bote por los canales de la ciudad que estuvo muy chingón. Después de eso nos empezamos a meter a diferentes bares a probar diferentes cervezas y tuvimos pláticas muy profundas durante; probamos las papas a la francesa "más deliciosas del mundo" y cerramos en un Pub inglés con unas Guinness riquísimas. Al mismo tiempo que caía el sol, era momento de partir de esa mágica ciudad. Recogimos el equipaje y tomamos el tren de regreso a París. Tres horas de trayecto después, llegamos a Gare du Nord y como todavía faltaban siete horas para nuestro vuelo, teníamos tiempo para visitar otro lugar. Nos rifamos caminando a la capilla del Sacré-Coeur que en teoría no estaba lejos pero nadie te dice que para llegar hay que subir UN CHINGO de escalones. Pasamos por unas calles bien culeras donde genuinamente temimos por nuestra seguridad pero después de eso y la perra subida con todo y maletas, llegamos. A las faldas de la iglesia había un wey con una bocina a madres y sonaba Grupo Firme, la vista de la ciudad desde ahí arriba está muy cabrona y la basílica por si sola es una pinche belleza. Admiramos un rato (y con "admirar" me refiero a agarrar aire) y nos regresamos a Gare du Nord para irnos al aeropuerto. De bajada nos topamos con una pinche ratota gigante en las escaleras que nomás se nos quedó viendo en un tono retador pero asentamos la cabeza en señal de respeto y temor y seguimos nuestro camino. Dimos un poquito más de vuelta al regresarnos por otro lado por que por donde nos metimos al chile sí estaba culero, había un local mexicano donde vendían tortas, tacos y tequila, ahí afuera platicamos con un bato francés que muy insistentemente nos decía que entráramos que por que estaba bueno pero le dijimos que nel y seguimos. Llegando a la central nos dimos cuenta de que el tramo en tren de ahí al aeropuerto estaba en remodelación así que pedimos oootro pinche Uber. La neta sí estaba lejos el aeropuerto pero como era de madrugada llegamos relativamente rápido, pasmos por el Stade de France y fuera de eso, todo estaba en completa oscuridad. Llegamos al aeropuerto Charles de Gaulle y como todavía faltaban unas cuatro horas para abordar nos dispusimos a dormir en unas de las bancas dentro del aeropuerto. Encontramos lugar junto con otras personas que igual supongo esperaban los primeros vuelos de la mañana. Franco empezó a roncar no sin antes señalarme un ratón que se paseaba entre las bancas y maletas de esas gentes, entonces ni de pedo me iba a dormir yo. Esperando diera la hora me entretuve paseando por el aeropuerto, cuando regresé a la banca y un poquito más dispuesto a echarme un sueño veo que entra un vago de esos que mejor prefieres sumergirte y bañarte en el drenaje. Traía su carrito del super lleno de latas y sabe qué más y se sentó ATRÁS de nosotros el wey, había como 20 o 30 cm de distancia entre su humanidad y la nuestra e impresionantemente tan pronto se sentó, empezó a roncar. Sin exagerar, pero como el aeropuerto estaba en completo silencio y muy solo, se podía escuchar en toda la terminal el cabrón, nunca escuché sonidos como los de su garganta. Estuvo así unas dos horas, nada más se levantó y se fue, mi Franquito ni se inmutó.

Llegó el momento de abordar y nos dieron chance de documentar nuestro equipaje y recogerlo hasta México lo cual estuvo con madre; nuestro siguiente y último destino del eurotrip: Roma.

Llegamos al aeropuerto Roma Fiumicino al amanecer y nos salimos en chinga por que teníamos escasas 11 horas para ir a la ciudad y regresar a tomar el vuelo a México, agarramos el tren que conecta la ciudad con el aeropuerto y afortunadamente no nos tocó revisión por que no habíamos timbrado el boleto (en nuestra defensa no sabíamos sino hasta que íbamos trepados) y nos hubieran cobrado como 50 euros de multa. Eso de "en chinga" ocurrió en otra dimensión por que en esta nos volvimos a perder y cuando faltaban 15 minutos para nuestra reservación en el Vaticano , estábamos a 40 de distancia (tuve que comprar los boletos mediante una agencia de dudoso actuar). Nos bajamos unas estaciones antes y pedimos otro pinche carro, esta vez era un Mercedes Benz entonces pues estaba cómodo. Llegamos al Vaticano, tarde y con todas las esperanzas puestas en que no se perdiera nuestra reservación. Sí la perdimos. En la entrada nos quisieron hacer creer eso (otra agencia), y nos quiso vender otras entradas por el triple de lo que pagué por las que ya habíamos "perdido" les dijimos que "lo íbamos a checar" y fuimos a las oficinas de la agencia que contacté inicialmente y sólo nos cobraron 5€ por el cambio de hora.

Entramos a los museos vaticanos y lo primero que hicimos fue buscar comida por que ya teníamos un chingo sin comer. Desayunamos en la cafetería y empezamos el tour, pasamos por los jardines y por los pasillos hasta que nos detuvimos una media hora para contemplar el techo de la capilla Sixtina que resumiré como: Lo más hermoso que he podido ver (hablando de arte/arquitectura). Despúes de sentirme realizado, seguimos el recorrido y llegamos a la basílica de San Pedro, la neta no entramos por que la fila era una mentada de madre así que sólo contemplamos por fuera, la plaza, el obelisco y las fuentes. Compramos souvenirs y seguimos nuestro camino hacia el Coliseo. Pasamos por el Castel Sant'Angelo , muchas iglesias, el monumento a Víctor Manuel II, el foro romano, el templo de Venus y Roma y finalmente el Coliseo Romano. Contemplamos, nos tomamos fotos y emprendimos la huida a la central de Termini  de donde tomamos el metro de regreso al aeropuerto. Esta vez sí timbramos los boletos y sí nos tocó revisión. En el camino a la central nos topamos con más iglesias y plazas y claro que nos volvimos a perder, hay muchas motos y las calles están bien angostas. 

Llegamos a buena hora al aeropuerto y pasamos a la sala de espera. Compramos chocolates y también de comer/cenar, el aeropuerto ese es un centro comercial muy fino y muy muy grande. Agarramos un trenecito bien nice hasta la zona en dónde abordamos y nos dispusimos a tomar nuestros asientos sin idea de la pesadilla que se avecinaba. En el asiento de a lado había un niño que lloraba como si le estuvieran arrancando las uñas una por una, lento y con pinzas para las cejas. La madre no le decía gran cosa y el papá que estaba en otro asiento pues tampoco. Aturdidos, hartos, cansados, cochinos y desvelados nos aguantamos el llanto del morro hasta que se calló. Los tripulantes de la cabina visiblemente hasta la madre también, le hicieron un comentario a la familia del huerco gritón y casi se arman los chingazos pero el que supongo era el papá se arrugó o eso creo, yo traía mis audífonos. Del otro lado nos tocó con un güey que era de Puebla pero trabajaba en Suiza o un pedo así y tampoco se callaba, no sé, el Franco se chutó todo el vuelo platicando con él. Cenamos y desayunamos en el avión.

Llegamos al AICM e hicimos como dos perras horas de fila en migración, recogimos las maletas e hicimos el cambio de terminal. Esperamos nuestro vuelo y partimos rumbo a Monterrey donde Dariush nos estaba esperando así que una vez aterrizando, hicimos unos depósitos en el bañorte y nos subimos al carro. Hora y cacho después y tras doce días de intenso tour, llegamos a la ciudad de la furia mejor conocida como Saltillo, Coahuila.



viernes, 3 de septiembre de 2021

We'll see each other when we see each other

Me da un poquito de pena confesar que el día de la fiesta de los vampiros y vaqueros no recuerdo el 90% de la conversación que sostuvimos, todavía traigo algo de cruda moral al respecto pero no regrets, además se pudo dar en cualquier momento entre el último año y quererla tener esa noche era algo optimista y no iba a salir del todo bien, sobretodo para mí; aparte me escudo en que ya lo había propuesto una vez y la respuesta a ello me dijo más de lo que pudimos intercambiar con palabras en ese entonces.

Ahora, para ser sincero, esa noche estuve ahí por la ilusión de ver amigos que hace mucho no veía por culpa de la estúpida pandemia, aunque tampoco puedo negar que ibas en el paquete. Así que en cuanto mi peinado inventado por Paco y destruido por mi inseguridad y mis ojos te vieron, sólo pude sonreír. Y es que a pesar de sentirme mental y sentimentalmente preparado para la ocasión, no pude evitar sentir un revoloteo en las tripas en cuanto pasó, igual no me apresuré a acercarme, ni siquiera quería saludar y de eso Dani es testigo y autora intelectual (salió mal de todas formas), pero me dio mucho gusto verte platicando con Kilo, con Vicky y demás, de cierta manera evocó en mí aquellos años de universidad y el tiempo de calidad que alcanzamos a compartir todos con todos, de cierta manera de eso vivo, a la nostalgia le debo y le reclamo tanto, after all, en griego es casi literal... La tontería de la paleta de caramelo y la torre de Pisa también formaron parte de ello y aunque el acto fuera tan patético como yo, me hizo sentir bien :) 

Hoy me entró cabrón el veinte de que en unos días te vas, ¿quién te puede detener? Una inmensa alegría se apodera de mí al saber que el sueño de casi una vida se te convirtió en una realidad. A final de cuentas toooodo ese trabajo que hubo detrás tiene una de entre tantas recompensas que aun esperan pacientes, aquí o allá. 

¿Yo? pues me gustaría decir que me quedo satisfecho con todo pero luego escuché de un genio que nada más los tontos se sienten satisfechos con algo y sinceramente no me siento así, ni con esto ni con nada y eso me ha tenido en jaque mucho tiempo, casi al borde de caer en la locura, tú sabes cómo es (sighs). Pero estoy "bien con eso" y creo que es una buena frase para seguir adelante, me gusta decir que aunque me tardé un poquito más de lo que quisiera, esto ya quedó atrás y no tengo más que enseñanzas, recuerdos hermosos y mucho cariño de por medio. Sin embargo es una de esas cosas que me gusta decir que aunque están desaparecidas, obviamente sé dónde están y no pretendo engañar a nadie por que se sabe que de vez en cuando recurriré a ello en uno de esos resbalones accidentales que le dan a las personas.

¿Es una despedida? naaah, ni de pedo, esas ni me gustan. Es un montón de pensamientos de un hombre que ha recorrido un tramito del camino de la vida y el amor y trata de entender que es lo que tiene en sus manos, cargando con el peso de todas esas palabras que trató y no pudo decir o que no salieron como hubiera querido, encadenado a los lugares dónde no quiso quedarse y a los dónde ya no había cupo; qué desmadre. Y también es algo de alivio y catarsis ante esa crudita antes mencionada y que no me dejaba andar agusto. Yo sé que ya nos veremos después.

¿Llegará esto a los ojos correctos? No lo sé, lector imaginario, Don Qlo lo escribe en su bloggcito con esa esperanza en lugar de hacerlo directamente contra los responsables, pero en caso de que sí llegara a llegar, pues entonces: ¡Mucha mierda!:D 

 XOXO

Chava. 

 "...We're on our way now..."

viernes, 13 de noviembre de 2020

2.

 Como si no odiara ya los lunes con bastante vehemencia...

¿Estaba llorando? No. Yo nunca lloro, ¿recuerdan?

Estaba llorando..., msh, ¡que no!, No es cierto, lo que pasa es que se me metió un ADIÓS en ambos ojos, bien pesado y acongojante. (Estoy llorando justo ahora).

Yo no dejaba de ver mis vans, era como si de repente se hubieran convertido en la cosa más interesante del planeta.

Los minutos consecuentes parecieron horas, como si el mundo entero hubiera dejado de girar para acentuar la importancia del momento. Se fueron convirtiendo en milésimas de segundo ya casi al final conforme se iba poniendo el sol.

¿La voy a extrañar? No, ni un poquito.

¿Nada?, ¿absolutamente nada? No, porque siempre voy a estar cerca, de una u otra forma...meh~ la verdad es que la extraño desde el día de nuestro 3er aniversario, quizá un poquito antes.

Pero bueno, retomando, hasta ese día nunca en mi vida me había costado tanto trabajo levantar la mirada; era como si verla a los ojos hiciera que todo se volviera real, como si la fuerza de toda una vorágine de sentimientos y emociones añejas y futuras golpearan de una.

Obvio sí te voy a extrañar, mucho muchote, Memita. Siempre voy a estar pensando en ti y voy a recordarte como todo lo bonito que alguna vez tuvimos y vivimos, lo que pasamos y sobretodo lo que me diste y seré muy feliz por ello, te lo prometo. Odio las promesas pero ésta vez es diferente.

Lentamente, mis ojos empezaron a buscar los suyos, y cuando por fin se encontraron supe que todo había terminado.

¿Por siempre y para siempre?, es inútil y algo tonto pensarlo, nada es así. De igual manera, sólo espero que la próxima vez (si es que llega a haber otra), lo sea y nos cumplamos todo lo que alguna vez nos dijimos; pero el tiempo, que es la mejor medicina (o eso dicen), lo dirá. Por lo pronto sólo queda construir los techos más altos y las puertas mucho mucho más grandes.

Ella me abrazó y después de un beso que hubiera querido que durara tres eternidades, empezamos a caminar, alejándonos uno del otro. Sonreímos.

De momentos giraba su cabeza y levantaba su brazo, yo me quedé parado en la esquina de la avenida de los campanares y la carretera a Monterrey; me gusta pensar que inmortalizó el momento y se quedó con la imagen del hombre más patético del mundo, parado ahí, con cara de hasta luego y el corazón en otro lado.

Te llevas un poquito de mi alma, Napolitano sin fresa.

Fue el adiós más mentiroso que he dicho jamás


...y salió de mi historia tan rápido como llegó; caminando hacía una puerta que la llevaría al resto de su vida, haciendo escala en varias sucursales del éxito.

martes, 13 de octubre de 2020

De medios hermanos que ya no existen

Mi primer recuerdo de Pedro fue quizás de los primeros que tengo desde que hago uso de razón y conciencia. Unos 3 años tenía el mundo de haber visto por primera vez semejante belleza en mi existir cuando mi papá me llevó al ejido (ahora colonia) dónde viven mis abuelos y me lo presentó: "él es tu hermano, se llama Pedro" y Pedro (seis años mayor) inmediatamente sacó de abajo de la cama una caja de reja de las de madera donde llevan las frutas, llena de juguetes y se puso a jugar conmigo. Así, de la nada ya tenía un nuevo súper héroe y cada domingo que íbamos a visitar a mis abuelos me emocionaba doble por que aparte de ver a mis primos y acabar sucio hasta la madre, vería a Pedro y quién sabe ahora a qué íbamos a jugar o qué me enseñaría a hacer. Para ese entonces yo estaba muy pequeño como para entender que a veces tus hermanos pueden no ser necesariamente de tus mismos papá y mamá al igual que uno. Sea como sea, uno como criatura no tiene la culpa de eso y pues yo aprovechaba a mi medio hermano todo lo que podía.
A veces Pedro venía y se quedaba a dormir un día o dos a la casa y eso significaba que me iba a pasar los niveles del SuperMarioWorld que no podía pasar yo solito, también que no dormiría porque me iba a contar las historias de terror más espeluznantes que un niño de 5 años podía escuchar y que jugaríamos con carritos y figuras de acción la mañana siguiente; pero también significaba que mamá estaría un poco irritada porque un hermano que yo tenía pero que no era su hijo estaría en su casa, comería su comida y dejaría el cuarto de las visitas oliendo a pies. Pero eso a Pedro no parecía importarle, a mi papá menos y yo era muy feliz cuando eso sucedía.
Cuando tenía por ahí de 7 años, Pedro hizo que yo le rompiera la nariz a un niño que se pasó toda la tarde chingándome la madre y luego me hizo llevarlo hasta con su mamá para explicarle y pedirle perdón.
Cuando Pedro se graduó de la primaria yo estaba con él y sus amigos (que a la postre crecimos y se hicieron mis amigos también) antes de que salieran para sentarse a esperar que los llamaran en el auditorio de un edificio de la SNTE en el centro para su graduación, pero por alguna razón hubo un momento en el que me encontré solo peleando contra unas cortinas enormes color café y con mi navaja de Peter Pan cuando en eso llegó un güey enorme (de los graduados de 6° año) a decirme que era joto, que mi hermano era joto y mi papá era joto también y que Peter Pan, por si faltaba algo, era joto igualmente, en ese entonces ni puta idea del gay pride. Anyway...el grandulón me quitó mi juguete y se fue. Un mes o dos después que fui a visitar a mis abuelos, llegó Pedro con mi navaja y me dijo que le había partido la madre al otro wey y  una de mis primas, que estaba con él en la secundaria, me lo confirmó. Yo estaba súper emocionado por ello y recuerdo haberles dado un abrazo a ambos en señal de "agradecimiento" por ello y después jugamos todos los primos a aventarnos de esas calabacitas redondas que crecen en los ranchos. También recuerdo haber ido a verlo jugar football americano, después de los partidos yo iba corriendo hacia él y él me llevaba por refresco y me regalaba el lonche que les daban al acabar el juego y luego yo corría en el campo junto a otros niños que también andaban ahí de gorrosos.
Mientras íbamos creciendo, nuestras vidas se fueron desarrollando de diferente manera, y era obvio, creo. Mientras yo iba al colegio en la primaria, él iba a la secundaría en el turno vespertino.
Una vez recuerdo haber visto por accidente en su boleta de calificaciones puros 5 en las casillas. Mi papá me llevó para irlo a recoger y supongo que algo así como hablar con algún maestro, papá se bajó del carro y al poco tiempo llegó Pedro con una patilla impresionantemente larga y la cabeza rapada jaja, mi papá después de un rato volvió con el gesto iracundo que lo caracteriza y con su navaja le rebanó la patilla de un corte; Pedro se quedó lo que quedó de la semana en la casa y jugamos mucho Mario Kart. Fuimos creciendo y noté que llevaba un ritmo de vida un poco más distinto para lo que yo podía entender, lo dejé de ver seguido y aumentó el número de veces que cuando lo veía, lo veía en otra realidad; no importa, yo lo seguía viendo con admiración y respeto y de mientras, cuando se daba la oportunidad, mi papá lo sermoneaba en frente mío.
Luego, años después fuimos toda la familia a nuestro tradicional viaje de semana santa, a Tampico esta vez y yo estaba muy emocionado de entre muchas cosas, por que Pedro iría con nosotros. Se volvió algo preocupante por que el primer día en la playa se puso tan hasta la madre de cerveza que mi papá tuvo que darle unas cachetadas para reanimarlo y poderlo sacar del taxi de regreso al hotel; ya no estaba tan chido que de lo poco que lo veía, lo veía en facultades como esa. La lista sigue, pero llegó un momento de positivismo cuando retomó sus estudios de la prepa al mismo tiempo que yo cursaba la secundaria, él la hacía en el ejido de Derramadero y yo en la Viesca en el centro y cuando salía se venía a Saltillo y trabajaba en el turno de la tarde en el laboratorio de fotografía que atendían mis padres; fueron quizás los meses más lúcidos que le recuerdo. Ahora jugábamos en el xbox en los ratos libres, jugábamos también a ver quién acababa más rápido el juego de solitario de las computadoras, nos aprendíamos la tabla periódica y escuchábamos canciones de Arjona en la grabadora del local. Me echó mucha carrilla cuando me suspendieron por haberme peleado en la escuela y mucho más cuando supo que me gustaba PXNDX. Yo le echaba carrila por que ya estaba "grande" y no se le veía novia por ahí pero sí pelos en la mano. También me daba una leve introducción a lo que era la pandilla de la cual formaba parte y que tenía que ver con la mítica isla Aztlán de dónde venían los aztecas al mismo tiempo que yo le introducía al mágico mundo del Age of Empires II. Luego, la cereza del pastel de las carrillas ocurrió cuando se enteraron que yo le gustaba a la chica del expendio que estaba al otro lado del local y no dejaron de burlarse hasta que la chica se casó tiempo después. Durante ese periodo de tiempo me enteré que una de mis amigas que entrenaba Tae-Kwon-Do conmigo y que me gustaba mucho compartía salón de clases con Pedro en la prepa y que se volvieron mejores amigos o algo así y ahí escuché por primera vez y gracias a ella la palabra "qué pequeño es el mundo" cuando supo que éramos hermanos Pedro y Yo.
Ésos, lamentablemente, además de ser los momentos que más buenos recuerdos me traen, vienen acompañados de una profunda tristeza y decepción que hasta el día de hoy me tienen con el pensamiento recurrente en la cabeza de que qué pedo.
Cuando yo cursaba el segundo año de secundaria era el lejano año 2009 de nuestro Señor y en febrero, en un domingo como cualquier otro, me encontraba yo jugando con el equipo de fútbol de aquel ejido (ahora colonia) en la liga de fútbol amateur de la ciudad. Consuetudinariamente, Pedro estaba ahí viéndonos jugar y después de ese partido, la plática desembocó hacia el súper tazón de ese año en que los Acereros de Pittsburgh se verían de frente a los Cardenales de Arizona; entre dimes y diretes, Pedro decía que la defensa de los Steelers no tendría argumentos para detener al receptor sensación de Arizona en ese entonces: Larry Fitzgerald, el Negro y yo, por nuestra parte, le decíamos que ni de pedo eso iba a poder doblegar a la famosa cortina de acero, liderada todavía por Troy Polamalu; y así discutimos un buen rato hasta que la platica quedó en que a partir de la siguiente semana, Pedro iba a empezar a entrenar fútbol americano con los buitres de la UAAAN para lo que yo sólo podía pensar "no mames, qué chingón". Ese día más tarde, afuera de su casa le dije que me la pelaba por que me había chingado el solitario en 30 segundos. No me creyó y como yo ya lo sospechaba le tomé una captura a la computadora y guardé la imagen, entre semana ahí en el trabajo de mamá se lo mostraría y demostraría mi indudable superioridad...Pero por cosas que pasan en esta vida, ese día nunca llegó.
Aquel jueves y como cualquier otro, yo iba con normalidad a la escuela, llegaba a mi casa, comía y me dormía como de costumbre para luego llevar a mi hermano menor a sus prácticas de béisbol de la liga infantil local. Ya que no fue un jueves como cualquier otro, en el parque recibí una inusual llamada de mi mamá diciéndome con con una voz más alterada de lo normal, que saliendo de las prácticas en vez de irnos a la casa nos fuéramos con unos tíos y que ahí pasaríamos esa noche. Después de preguntar "por qué" y después de recibir el clásico "por que soy tu madre y te estoy diciendo y te callas" sólo nos quedó caminar algunas cuadras para poder llegar a dónde nos mandaron. Ya ahí y después de bañarme y cenar, escuché que mamá habló para cerciorarse que ya estuviéramos ahí y para decirle a mi tío algo a lo que luego deducí como "que no se entere Chava".
Recuerdo que al cabo de unos minutos, mi tía se me acercó y me preguntó si sabía lo que estaba pasando, yo conteste que no por que honestamente no sabía que pinches pedo y luego me empezó a decir cosas como "la muerte es parte de la vida" o "Dios sabe lo que hace", cosas así pero que sinceramente yo no entendía un carajo para qué me las decía.
La mañana siguiente cuando estaba por despertarme para irme a la escuela, mamá entró en la habitación y entre sollozos y una voz muy cortada me dijo que Pedro había muerto. Imposible olvidar cómo me levanté emperradísimo e incrédulo a dar vueltas por toda la casa, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué chingados estaba pasando eso?... un día muy muy largo estaba por comenzar y el primer paso era afrontar la realidad. Cuando íbamos camino a dónde estaban velando a mi hermano pude sentir como una parte de mi y de lo que era cuando niño se convertía en una versión más madura para tomar el lugar del hermano e hijo mayor de mi papá.
El servicio funerario lo tomé con esa madurez, me sacó de onda cómo todos los amigos de la infancia, los primos de la edad y la familia no dejaban de llorar y expresar lamentos. Yo sólo pensaba en cómo la persona sobre la cual había ideado un tipo de vida adulta se había ido, ahora era solo yo. Le lloré hasta que ya iba de saliendo del panteón, a él no le hubiera gustado verme llorar por algo tan común como la muerte.
Hasta el día hoy han sido muy pocos los días en el que no piense en mi hermano. Han pasado tantas cosas sobre las cuales quisiera escuchar algún consejo, pero la opinión de un muerto no sirve de mucho ¿verdad?, simplemente cierro los ojos e imagino lo que habría hecho Pedro en mi lugar...Algún día nos vamos a encontrar los tres y discutiremos sobre eso hasta terminarlo en alguna partida de baraja o de dominó... Pero pues nada, simplemente quería decir algo sobre alguien sobre quién había moldeado cierto tipo de modelo de vida y sobre cierta toma de decisiones que me han llevado hasta donde ahorita.  

Te extraño, güey y te quiero  mucho.

Chava Valenzuela 
XOXO






















miércoles, 23 de septiembre de 2020

1.


Quizá desde el principio estuvo mal por que cuando te conocí yo estaba escribiendo historia con alguien más. Quizá no debí enfocarme tanto en preparar el terreno para que "lo nuestro" prosperara por que cuando al final el camino quedó libre para ambos, nos ayudamos el uno al otro para lograr otras conquistas. Quizá tampoco debimos mezclar el ron con el tequila y las cervezas en aquel cumpleaños de Vicky y quizá tampoco debiste haberme ayudado a preparar mi exposición del modelo atómico para la clase de electricidad.      

No obstante, nada de eso importa por que haiga sido como haiga sido fueron los mejores años de mi vida, el fuego de mi juventud (si es que todavía quedaba algo) y hasta ese entonces, había conocido a  mi arquetipo de mujer ideal; así que esos quizases, siento, se dieron en el momento adecuado y nunca me voy a arrepentir a pesar de que hicimos un poquito miserables los momentos de algunas personas que sin deberla ni temerla se encontraron en las vías de estos dos trenes que en algún punto del camino adelante se terminarían por descarrilar.

Recuerdo con mucha ternura tu excusa de ir a hacer válido el seguro de tu celular, o la extraña casualidad de terminar juntitos en las jugadas de billar y sobre todo las excusas de ir a por panecito dulce y terminar platicando por horas en la placita del compositor. Todo fue cimentando el vínculo afectivo más imponente que haya trabajado y que no quería terminar de construir por que mi estúpida cabezota no dejaba de pensar (y nunca dejó de hacerlo) en cómo iba a doler al final y qué tan grande iba a ser el hueco cuando la demolición ocurriese, así que empezó a hacerse muy presente el miedo de querer mucho y confiar mucho por la muy latente posibilidad de que lo arruinara tal como lo había hecho antes, tal como terminé por hacerlo durante y después y con ello echara a perder muchas cosas en el trayecto de esos trenes. Sin embargo, fui aprendiendo poquito a poquito a apostarle a perder, por que eso significa querer bonito a alguien y que chingue a su madre lo que pase después. A mis amigos siempre les aconsejé ir y darse en la madre por culpa del amor y yo que lo decía con bastante seguridad no estaba dispuesto a hacerlo por ese pendejo miedo.

Y pendejo yo y mil veces pendejo y pendejo por todas las veces que le jugué al muerto por dentro, al melancólico y al miserable por que al final terminó por matarme de verdad (pero figurativamente por que si no ¿Cómo estaría escribiendo esto? pendejos ustedes también) cuando la verdad es que lo tenía todo, recibía mucho amor, cariños y miles de detalles súper lindos e inteligentes que me ponían todavía más en desventaja frente al temor de dejarme caer sin rodilleras en tus brazos; y repito, pendejo, pendejo y rependejo por que cuando empecé a darme cuenta que se fueron haciendo menos, era cuando más los empecé a valorar y a extrañar.                                                                                                                      

Pero bueno, eso es sólo una pequeña catarsis de entre otras muchas cosas que tengo sofocándome el pensamiento y que si no las saco y aunadas con las tareas y los exámenes de la maestría van a lograr que mi cabeza explote pero, por enésima vez, en formas no sexuales.



Chava.


lunes, 13 de abril de 2020

La 5ta Escuela Nacional de Fundición de la UNAM 2019. Parte II

...Nos subimos entonces al vagón siguiente que para colmo, a nuestra parada venía vacío. La experiencia que según yo tenía de haber ido el año anterior se vio nula. Lo único en lo que podía pensar era en mi compita, si su pie seguía pegado a su cuerpo, si sabía para dónde darle y dónde bajarse, si lo habían mandado a uno de esos barrios que nos dijeron y lo venderían por kilo (g g, qué ironía) o si no me lo estaban bolseando, teníamos 18 paradas enfrente para pensar cualquier cantidad de cosas y esperar que saliera todo bien al final.
Empezó nuestro trayecto por la ruta entonces, cada paraba que pasaba se subía el doble de gente que en la anterior, empezamos a identificar desodorantes, ausencia de estos, cremas corporales, lo que había comido la persona, de que sabor eran los chicles y luego, la especialidad de la casa: el arrimón de chilaquil. Y digo para los demás por que yo tenía a uno de mis amiguitos atrás y entre compas no hay pedo, a los lados a otros dos de ellos y enfrente tenía un tubo anexo a una de las puertas de la unidad, misma que tratamos no alejarnos mucho de ella pero la corriente era cada vez más intensa hacía adentro y hacia la mitad del metrobús. La gente no paraba de subir y entre gritos de "...Pinche chundo...", "...báñate, valedor..." yo sólo deseaba que el Gordito estuviera bien y que esa mala pasada producto de mi genial idea del "que dice mi mamá que siempre no nos subamos a este" terminara pronto. A mitad del camino el calor ya estaba pasando factura también, sudábamos como cerdos, volteaba a ver a Paquito que nunca se subió a un transporte público en su Lasallista perra vida y tenía esa cara que tienen las personas que ya lo han perdido todo: dignidad, ganas de vivir, pantalones limpios, esperanza y fe y hasta amigos en el transporte público; y cualquier cosa que les pase ojalá y sea la muerte. Volteaba a ver al Güero y la misma jeta en su caucásico y deslavado rostro, como si un camello lo hubiera escupido a medio digerir, sudoso y adormecido. Juan y Edzzzon, por su parte, medio derrotados, pero medio frescos por que algo de callo en situaciones de ese tipo pero a escala provincia ya hemos experimentado. Acercándose cada vez más nuestra parada decidimos bajarnos dos antes, y con "decidimos" me refiero a que antes de que se cerrara la puerta y aprovechando el paro de un vago que estaba poniendo su humanidad para mantener la puerta abierta, les dije: "ya, aquí mero" y saltamos hacia la calle, nos ubicamos lo mejor que pudimos y empezamos a buscar al Gordo por las siguientes tres paradas en dirección a la que deberíamos haber arribado si no hubiera aventado a su suerte a mi camarada sin llaves y sin batería en el celular.
Después de andar con nuestros celulares tipo "han visto a este muchacho" entre la gente y después de dimitir por que nos veían como los bichos raros y norteños que éramos, emprendimos la huida sin éxito hacia el edificio donde nos quedaríamos. Yo no dejaba de pensar en qué le iba a decir a la mamá de este cabrón, en si hablarle a la policía, en su pie atorado por la puerta de metrobús, o en si dejarlo ya por la paz por que de seguro la CDMX se lo comió. Nuestra última esperanza era que estuviera en el lobby del edificio, claro que pensamos de que "ps el Gordo no es pendejo, hubiera peguntado o agarrado un taxi..." pero el que no estuviera ahí en la entrada no era nada alentador, no queríamos ni subir, yo ya tenia la excusa perfecta: el Gordo se había sacrificado valientemente ofreciendo su traserito como tributo a los dioses del transporte público para que no pasáramos por eso de nuevo y su madre lo entendería perfectamente. Ya con el celular en la mano, alguien le pregunto a un señor que iba saliendo del mismo edificio si no había visto a un wey de como 1.75 de estatura, complexión característica del Gordo, morenatzo, pelatzo, playera verde, etc; el don dijo un crudo "NO" mientras daba media vuelta y se iba y terminaba por derrumbar el último ápice de esperanza que había en nosotros, marqué el teléfono para dar las buenas nuevas hasta Saltillo, el señor se voltea y con la cara que hacen los perritos de lado dice: "ah, uno flaquito, lo dejé entrar, subió por las escaleras"; a huevo que era el pinche Gordo, subí corriendo y ahí estaba el desgraciado, sentado en el último escalón de nuestro piso, con una sonrisa de travesura por que sabía que bien pudo habernos esperado afuera o en la planta baja y evitar el pinche susto, los demás llegaron por el ascensor y entre risas, palabrotas y mucha pero mucha tranquilidad, entramos al departamento.
Esa noche bajamos al seven a comprar cerveza estúpidamente barata y después a comprar comida estúpidamente barata y estúpidamente rica en un puestito de quesadillas que estaba afuerita de un oxxo y que está cruzando la calle hacia enfrente, lo atendía una señora bastante amable que de inmediato reconoció nuestro acento tipo de que nos gustaban las tortillas de harina, las quesadillas con queso y casarnos con nuestras primas e inmediatamente nos dijo que tuviéramos cuidado, que las calles, que la gente, que la inseguridad, que la noche, etc; cosas así y lo cual se le agradece, pero nuestro cromosoma "Y" (por que evidentemente nuestras hormonas son el piloto de este vehículo llamado "masculinidad" y el otro este hmmm "malas decisiones") le prestó más atención al hecho de que antes de entrar a turno, señoritas y damas de compañía iban ahí mismo a darse sus suculentas quesadillas antes de poner a trabajar la suya, pero bueno, sea como sea, la señora también nos recomendó unas buenas guajolotas y tortas de chilaquiles para la hora del desayuno y hasta nos cobró de menos, le dimos las gracias y regresamos para ver el partido Japón-Chile de la copa américa que se celebraba ese año y a la luz de nuestra bonita terraza y entre cervezas y música despedimos nuestra primera noche de nuestro turbulento primer día en la hermosa ciudad de México. Y no; las quesadillas no llevaban queso.

ADVERTENCIA: Imágenes sin censura de nuestros aposentos.

El día siguiente (martes 18) sería nuestro primer día de curso, así que nos levantamos temprano, los que lo hicieron primero fueron a por las tortas de tamal, nos dimos un café y una vez bañados y peinados y cambiados y almorzados nos dirigimos a la calle para ir hacia la parada y cumplir con el pactado round #2 del "Metrobús vs Nosotros La Revancha", todos juntos y agarraditos de las manos ahora sí.
Era una mañana fresca, unos 17°C yo creo, al salir lo primero que uno veía era que había gente corriendo en bicicleta, andando en scooter, paseando a sus perritos en las vías destinadas a ello, todo normal hasta que se nos quedaron viendo, viendo medio feo, otra vez. Y no los culpo, los que no han tenido la dicha (o desdicha) de conocer a Paquito también harían esas caras y hasta unas de más asco. Pero no era por eso, resulta que una vez observando lo que tenían en común esas personas era que todas traían chaquetas y algunos hasta bufanda y gorro y pues Paquito, en playera de manga corta. Nos costó un poquito asimilarlo por que, pues de dónde somos el frío de chamara yo creo es para <10°C y entre más cercano a los veinte celsius menos ropa. Meh, sin tomarle tanta atención a ello recargamos las tarjetas de nuevo y pa´rriba al metrobús que se llenó considerablemente pero nada que no pudieramos manejar. El arribo a C.U. se dió sin complicaciones y llegando a los edificios de la facultad de química metalúrgica realizamos el registro para las actividades de los consecuentes cuatro días.
Histórico momento del registro de los primeros burritos pardos en ir a la UNAM y al fondo el sacrilegio de playera para los chilangos que portaba Paquito ese día.

Todo comenzó con una pequeña ceremonia de inauguración en el auditorio con las personas encargadas del evento, autoridades y catedráticos, nos dieron la bienvenida, indicaciones en caso de emergencia, café con galletas y una vez atendido todo eso, a lo que nos trujía.
La escuela se dividía en dos grupos, fundiciones de hierro y fundiciones de aluminio, mientras que el Güero, El Gordo y yo formábamos parte de la primer facción, Paquito, Juan y Edzzzon lo hacían para la segunda. Aquí es dónde toman lugar en nuestra historia Raúl y Gera, los dos estudiantes restantes de nuestra misma institución y que hacían el viaje por aparte; a ellos se les unía otro personaje importante en nuestra aventura: Wisam Mucharrafie; y que los tres formaban parte del segundo pelotón.
Este cabrón originario del Estado de México y de ascendencia libanesa era un pan de dulce, el wey no tenía el acento característico de por aquellos lares sino que los chilangos hablaban cómo él. Raúl y Gera lo afanaron y estuvo con nosotros lo que duró el curso, ahora la CDMX temblaba una vez que teníamos a uno de los suyos en nuestras filas y que ya nada nos podía detener.
Cada quién a sus salones y las clases se dieron por comenzadas oficialmente, entre actividades para acatar el plan de trabajo y dinámicas para conocernos entre todos los del grupo nos dió el mediodía, nos veríamos todos de nuevo en pausas que eran a las once para un ligero break a la una para ir a comer, despúes de regresar otro break a las cuatro y para finamente salir a las seis de la tarde. Las comidas serían auspiciadas por la misma universidad en una de las fonditas aledañas a la estación del metro Universidad y los break's constarían de café y galletas en la mañana y por las tardes refresco y fritangas varias. La fondita era un lugar hmmm pues bastante acogedor pero bastante pequeño, nos sentábamos en 2 mesas y bien a huevo cabíamos los veinte en cada una, en ese primer día al ritmo de los tres tiempos de la comida nos poníamos de acuerdo para idear el plan perfecto para cuándo saliéramos de la escuela, propusimos cosas y nos dedicamos a buscar lugares en los mapas para ver las opciones latentes pero al final optamos por bajarnos a eso de la mitad de nuestra ruta del metrobús y buscarle a pie. 
Fondita dónde nos daban nuestros sagrados alimentos, en la esquina inferior derecha, el buen Wisam. 

Y así, después de sufrir cabeceos intensos en el aula, escuchar al catedrático decir la palabra "homologar" como 476 veces y tratar de no caer en un sueño profundo inhalando gel antibacterial, nos dieron las gloriosas seis. Emprendimos la huída rápidamente para aprovechar al máximo el tiempo que teníamos y sin hacerla mucho de pedo ya estábamos en ruta por Insurgentes Sur, otra vez. Nos bajamos cerca de la torre Macanar y al quedar atónitos con la altura de esta, decidimos entrar, bien frescos. Nuestra visita fue efímera una vez que no encontramos más que tiendas de ropa, zapatos, cine, cafeterías y uno que otro restaurante bar que ni nos llamaron la atención ni podíamos pagar. Empezó así entonces una laaaarga caminata por la avenida en busca de un bar pero cuando veíamos uno a alguien no le parecía, veíamos otro y a otro alguien tampoco le parecía, así duramos poco más de la hora y nos empezábamos a impacientar, a enojarnos entre nosotros, a hacer mucha sed y estaba empezando a llover. Bien hartos hasta la puta madre quedamos en que ya el primer lugar que yo viera y que dijera: "a éste", entrábamos, pero como para hacernos enojar todavía más, el destino y el mapa nos mandaron tres o cuatro potenciales lugares dónde ir y que, o estaban en remodelación o simplemente no existían y la lluvia empezaba a arreciar. El Güero se metió a una farmacia a comprarse pasta de dientes y un cepillo por que la boca le apestaba a ano y mientras lo esperábamos lo vi a la distancia, era un barecito con una fachada muy mona y una fuente en su interior, nos acercamos más y apreciamos los refrigeradores abastecidos por completo de cerveza y muchas muchas mesas de billar y ya sin preguntarnos ni cuestionarnos, entramos.
Pedimos cervezas, las conocidas de siempre y una que otra desconocida o internacional para hacerle a la mamada, pedimos una baraja española y entre jugada y jugada y yo que ganaba y ganaba, pedimos la cuenta y la del estribo, el último transporte pasaba por ahí enfrente entre las doce y pasaditas y nosotros teníamos que estar en la UNAM a las nueve de la mañana del día que estaba por comenzar. So, para este punto ya habíamos vaciado un buen número de botellas, suficientes para que el mesero perdiera un poquito la cuenta y como no soy la persona más honrada de mi pueblo natal menos lo iba a ser de una ciudad 10 veces más grande y dónde no nos conoce nadie, así que pagamos lo acordado y salimos elegantemente del lugar. Ya en la acera camino a la parada metí la mano a mi bolsa de atrás del pantalón y sentí algo duro, me asusté, luego palpé que tenía forma cuadrada, entonces me desasusté y cuando saco el misterioso objeto encuentro que era la baraja que nos llevaron en el bar y que me ayudó a pagar la cuenta mocha, ¿cómo llegó ahí? se los juro que yo no fui; acto seguido volteo hacia la puerta del establecimiento y ahí estaban el mesero y el don de la barra, quizás mirando el paisaje de medianoche, quizás viéndonos y pensando "pequeños hijos de puta" regreso la mirada hacia mi crew y veo a Edzzzon correr, entonces corrí yo y al final ya corrimos todos y a buen momento por que el último metrobús se acercaba rápidamente. Subimos y sin preocupaciones en la cabeza llegamos a nuestro destino y tras caminar las cuadras que había entre parabús y edificio subimos al departamento para dar por culminado el día dos. Echamos una (o dos) cheves más y al avanzar la madrugada nos fuimos yendo de uno por uno hasta que sonó la alarma del día #3...
El metrobús de medianoche.

lunes, 6 de abril de 2020

La 5ta Escuela Nacional de Fundición de la UNAM 2019. Parte I

No están para saberlo, ni yo para contarlo, pero hubo un verano en el que seis apuestos estudiantes del programa de ingeniería en materiales con especialidad en procesos de fundición por parte del Instituto Tecnológico de Saltillo se enfrascaron en una aventura por la gran urbe famosa por meter tamales y chilaquiles a un bolillo, ¿y saben qué?, están buenísimos. ¿Y saben qué más?, están a punto de leer mi reseña (no autorizada) de esa experiencia religiosa que tuvo lugar una semana de entre el 17 y 22 de junio del año 2019 d.C. y que agradezco a *inserte la deidad de su preferencia* la oportunidad de haber estado ahí pero sobretodo de compartirla con esos valientes caballeros que hicieron de esos seis días el viaje académico más añorable dentro de mi corta pero sobretodo guapa existencia.

Ahora bien, ¿han escuchado el viejo dicho que proclama: "Un camino de mil millas comienza con un paso..."?; bueno, para lo que a nosotros concernió, todo comenzó con un correo electrónico de invitación por parte de la máxima casa de estudios para formar parte del selecto grupo de 40 estudiantes de universidades de todo el país del frijol charro que estarían de manera presencial dentro de las aulas de la facultad de ingeniería química-metalúrgica durante esa semana para atender al evento anual; después le siguió la confirmación de cada uno, el pago de la cuota del curso, los boletos de avión, el hospedaje, y finalmente el traslado hacia el aeropuerto y el check-in de cada uno dos horas antes de la hora del vuelo (9:00 a.m. y que por cierto, son 3 antes si es vuelo internacional) en la terminal A de aeropuerto internacional Mariano Escobedo.
Una vez cumpliendo con lo anterior, quedamos de vernos en la tarde-noche del día anterior (domingo 16)  para pasar la noche en casa de uno de nosotros y poder salir lo más temprano y con el menor contratiempo posible. Total, que unos taquitos de huevito con chorizo. café y sesenta y cinco minutos de camino después, desvelados, modorros, miedosos, ansiosos de veras y con ganas de comernos la CDMX a pedazos o en tortas, cuestión de perspectivas; nos encontrábamos esperando el vuelo 2129 de Interjet que nos llevaría a nuestro DFctuoso destino. Así, dos horas de espera y media de retraso después, su correspondiente depósito en el bañorte, chucherías del duty free y una hora y cachito de traslado aéreo después, nos encontrábamos dando vueltas por las pistas del aeropuerto internacional Benito Juárez  otra hora por que, pues estaba hasta su puta madre y no había lugar en dónde el avión pudiera dejarnos, así que mandaron unos camioncitos que fueron por nosotros y nos llevaron a la zona por donde dejan las maletas para de una vez y por todas, hacer nuestro triunfal ingreso a la Ciudad de México. Acto seguido buscamos nuestro equipaje y tomamos el transporte que habíamos contratado para que nos llevara a lo que sería nuestro hogar durante los siguientes seis días. Cabe destacar que por aparte, otros dos y no tan apuestos estudiantes del mismo programa, misma especialidad y mismo instituto iban a acompañarnos en la patoaventura citadina con la diferencia de que ellos viajarían y se hospedarían por aparte.
Fue así que el arribo a nuestro edificio se dio sin problemas más que el trafico y contaminación característicos de una ciudad de diez millones de habitantes; nuestro departamento, imponente en el último piso de un tradicional edificio citomexiquense sobre la avenida Nuevo León en la colonia Condesa, ¡aaah' por que si íbamos a vivir el sueño capitalino lo íbamos a hacer bien y lo íbamos a hacer con el mejor lujo que estudiantes universitarios provincianos promedio podían pagar(que ni estuvo caro la vdd); nos estaba esperando. Bajamos entonces de la suburban que nos había transportado desde el aeropuerto y esperamos a que la dueña del departamento bajara para mostrarnos el lugar, darnos las llaves, las indicaciones de seguridad y hospedaje y una muy cálida bienvenida que auguraba una tranquila y amistosa estadía en el lugar, o eso creíamos. Fue así que después de instalarnos, escoger pareja y camas, darnos un baño (por separado) y alistarnos; estábamos listos para la primer actividad concerniente a nuestro motivo del viaje: Conocer las instalaciones de la famosa ciudad universitaria y el respectivo tour a lo que sería nuestra segunda casa durante esa semana. Bajamos entonces por el ascensor y una vez subidos al uber que habíamos pedido era que nos encontrábamos camino a la cita con el destino que tres meses antes nos habíamos propuesto enfrentar. Ya estábamos ahí, on the road con las bolsas llenas de sueños e ilusiones, un hambre de su puta madre por que no habíamos comido nada, a 850 kilómetros de nuestras casas y sin la mínima idea de lo que estábamos a punto de vivir por los siguientes seis días.
Con ustedes los valientes héroes de esta historia: De izquerda a derecha Gordo, Güero Viesca, Paquito, su servidor, Edzzzon y Juan.

El camino hacia C.U. estuvo piloteado por un conductor local que en resumen, nos dijo que si entrabábamos a Tepito, a la delación Cuauhtémoc, a Coapa o a Iztapalapa y nos veían un paso dudoso en nuestro caminar íbamos a salir de ahí en pedacitos o empaquetados y enviados a destinatarios de algún mercado negro. Anyway, entre pláticas de ese tipo, de six flags y su ingreso que estudiantes universitarios provincianos no podían pagar :( , lugares de interés e "interés", rutas de regreso y aplicaciones de transporte, llegamos a nuestro destino: el edificio de rectoría de la UNAM, Ahí nos citaron para el recorrido, algo así como a mediodía, con el sol a plomo y sin la más remota idea de con quién nos veríamos. Entre dimes y diretes, mentadas de madre entre nosotros provocados por el hambre y el sol, propuestas para ver qué parte de Paquito nos comíamos primero en caso de una emergencia y las primeras fotos de nuestro naciente viaje; empezaron a llegar los demás estudiantes y despúes nuestros anfitriones y a la postre buenos amigos: el inge Leopoldo y el Inge Carlitos bb. 
Carlitos era aquel típico estudiante que por allá de su octavo semestre ya le había agarrado la onda al primero, de torpe caminar, barba de candado, trompa gruesa, altura chilangueña y un corazón tan grande como la misma ciudad universitaria. El inge leopoldo, de cuerpo más exquisito, mismas características de estatura pigmea y un sentido del humor bastante peculiar, hacía más amena las pláticas y evitaba a toda costa los silencios que pudieran empezarse a gestar. Ellos eran los encargados de darnos el recorrido y de todas las actividades en general durante el curso.

Pero bueno...al cabo de unos minutos se completó el grupo y nos empezaron a llevar por los jardines e instalaciones de universidad, ponernos un vídeo introductorio, historia de campus y bla bla bla, después nos dedicamos a apreciar los murales más importantes que ahí se exhibían ante los miles y miles de estudiantes que pasan a diario, muchos de ellos obras de los denominados tres grandes del muralismo mexicano: David Alfaro Siqueiros, Juan O'Gorman y Diego Rivera y para terminar, el mero mero, el mural de la biblioteca, la joya de la corona, cuatro mil metros cuadrados de belleza y arte, revestidos en su totalidad por piedras naturales, de 10 mil colores y resistentes a la intemperie según cuentan, de todos los estados del país; imposible no asombrarse, preguntarse cómo se llegó a la realización del mismo y sobretodo, enorgullecerse delo que las manos y el ingenio mexicano pueden llegar a construir, ¿pueden creer que el señor O'Gorman creador de dicho mural se suicidaría 3 veces por allá de 1982?, vaya tipo.

Selfie de carlitos con los seis burritos pardos de fondo a punto de pisar el histórico césped del estadio olímpico.

Carlitos y su adoración la Coca-ColaⓇ con los mismos seis magníficos pero bañados y peinados.



Terminamos en los dominios del anexo de la facultad de química edificios D y E a eso de las casi seis de la tarde y después de haber estado en un sin número de murales, escuelas, facultades, jardines dónde venden y consumen drogas, sitios dónde han matado estudiantes, el estadio olímpico, después de ver cómo se chingaban entre 3 vatos de ahí unas caguamas y después de chingarnos nosotros unos tacos de canasta de a tres varos; nos llevaron al edificio en unas camionetitas por que vaya que es una ciudad la ciudad universitaria y mostraron las aulas dónde las clases tomarían lugar a partir del día siguiente.

Una vez llevado a cabo este proceso, nos mandaron a chingar a nuestras madres. Así que ahí estábamos, seis estudiantes pueblerinos, provincianos, sudados, cansados, ojerosos, sin bañar, sin dormir, 5ger y con comida de dudosa procedencia (pero muy sabrosa) en las tripas sin saber cómo regresar a nuestro departamento fresón, alfa, cimientos de adamantium, madera del caballo de Troya en la duela, illuminati, reptiliano y verga con chanfle. Entonces llegaron a nuestros oídos una voz que afortunada o desafortunadamente traeremos siempre en la cabeza: "...¿y ustedes que transa, jóvenes?"... volteamos y ahí estaban, sonrientes y chaparros, brillaban (yo creo por el sudor que a todos nos había provocado la caminada) el inge Leopoldo y su fiel acompañante Carlitos <3, si les digo que a estos se les salía el corazón del pecho. Nos hicieron el favor y honor de acompañarnos hasta la parada del PumaBus ruta 10, nos bajaron en las cercanías de la escuela de trabajo social y nos subieron al metrobús de la línea 1 en dirección a IndiosVerdes, pero había que tener cuidado nos advirtieron, nuestra parada bien podía ser la de NuevoLeón o la de Chilpancingo o si no ya habría que empezar a caminar y alejarnos cada vez más. Y así, sin más, nos aventaron a nuestra sarapera suerte. Recargamos nuestra credencial de transporte urbano y nos dispusimos a subir al primer vagón en dónde pudiéramos caber. 

Gente, a esa hora créanme que todos salen, todos quieren llegar a sus casas y todos quieren subirse al chingado metrobús. Después de algunos pares de vagones llenos, por fin veíamos la oportunidad de subirnos a uno y romper las leyes de la física y que dos cuerpos ocuparan el lugar de uno (casi como el Ramos aquí en la capital coahuilense) y llegar a casa, ir por unas cervezas. Fue entonces, que le dije al Gordo, que en aquel entonces (orita pos también pero nuestros horarios laborales ya no lo permiten tanto) nos compraban en oferta de te llevas uno y ahí va el otro de regalo, pan y mantequilla, uña y mugre, Batman y Robin, el Chapo y Gullit Peña del León bicampeón, Fe y C en el acero, fama y escándalo; que en este vagón nos subíamos sí o sí. Llegó el vehículo, sóno el timbre y al abrirse sus puertas me quedé congelado en una escena dónde sólo puedo recordarme a mí a medio paso de haber entrado al vagón y al pie del Gordo que se iba alejando cada vez más por todo Insurgentes mientras iba atorado entre las dos puertas del transporte. Dios de mi vida, y eso que el primer día todavía no estaba ni cerca de acabar...