Salí a las cinco de la mañana de mi casa para caer a la casa de la Franca y en el trayecto un anormal al volante se volteó en uno de los túneles del sarape y nos retrasamos, no eran ni las cinco de la mañana. Dejamos Saltillo rumbo al aeropuerto internacional de Monterrey y a medio camino y en medio de la densa niebla que nos regala seguido la autopista, me avisaron por correo que se cancelaba el vuelo a CDMX. Empezando a buscar otra manera de llegar a la perra capital del país, pálido, me llega otro correo diciendo que el vuelo original se iba a retrasar mínimo dos horas, probablemente era por que siempre sobrevenden esos pinches vuelos y a ver quién cae en esa mentira y acepta la reprogramación del vuelo y la miserable bonificación del 25%...equis; todo ok por que para entonces serían como las dos de la tarde y el vuelo a Madrid salía hasta las seis.
Llegamos al AICM sin muchos contratiempos, cambiamos de terminal y saliendo de comprar cigarros en el Oxxo nos topamos a Jorge Pietrasanta, nos vimos, nos saludamos y ya, Gabriel de Anda ya iba muy lejos. Cansados, con mucha hambre y con mucha sed nos metimos al Wings a comer. Pedí lo que hasta entonces sería la cerveza más cara de mi vida y de repente TODO se empezó a mover. Poniendo en duda si todo se movía por no traer nada en el estómago y por si el tomar alcohol ya me estaba poniendo ebrio, volteé a ver a la Franca buscando respuestas pero bajo la misma duda, él también se me estaba quedando viendo. Fue entonces que caímos en la realización que no estábamos pedos sino que estábamos presenciando un SISMO, (que luego supimos fue de 5.7 grados), la gente empezó a salir en chinga del restaurante, hubo pánico y mucho movimiento (humano y telúrico) pero nosotros nos quedamos atónitos y petrificados en nuestras sillas, en fin, una genuina experiencia CDMXiquense. Fuimos por nuestros pases de abordar y después de pasar los filtros de seguridad y esperar y esperar y aguantar a unas morras gorrosas sentadas enfrente de nosotros en las sillitas, tomamos el vuelo a España.
Llegamos a Madrid y tomamos un Metrobús a la central de Atocha, caminamos como una hora hasta llegar al departamento del, la, le prima/o/e(? de la Franca. Charly nos recibió con los brazos abiertos y después de instalarnos y cargar los teléfonos nos fuimos a dar el rol por la capital española. El estadio del Real Madrid está equis y se ve mejor en las intros del FIFA 07, la mercancía está carísima y nos agüitamos por que no alcanzamos boletos para el tour :( , caminando en las cercanías del estadio pasamos por un restaurante y ahí estaban las morras gorrosas del aeropuerto, nos lanzamos miradas culeras mutuamente. Me impresionó que venden cheve en el Carls Jr. Después de eso conocimos el palacio real, entramos a la catedral, recorrimos el centro, la plaza mayor, otra plaza importante, recorrimos la gran vía (tipo TimesSquare según ellos) y caminamos y orinamos en el parque del Retiro, contemplamos el museo del Prado y pasamos por la puerta de Alcalá. Es una ciudad muy bonita si me lo preguntan y destaco que NO huele a orines como otras grandes ciudades dónde he puesto pie. De regreso al depa llegamos a una sidrería dónde probé una cerveza de barril riquísima y probé una de las mejores botanas que me han tocado en algún bar/cantina. De regreso ahora sí, nos ofrecieron marihuana y cocaína afuera de un Carrefour. Compramos caguamas en una tiendita de la esquina y nos volvieron a ofrecer de la cocaína que estaban cortando arriba de un bote de basura en la esquina del edificio del departamento. Nos negamos respetuosamente y procedimos a subir, beber el elíxir que habíamos comprado y dormir por que teníamos que tomar un vuelo a las ocho de la mañana. Con sueño, con frío (jaja, pendejo no sabía lo que me esperaba) y sin bañar tomamos el vuelo hacia Paris.
Aterrizamos en Orly y la gente aplaudió al aterrizar(?. Todos pendejos y perdidos mejor tomamos un Uber hasta la ubicación del Airbnb en el distrito XVI por que parecía complicado hacerlo por metro. Llegamos, un baño, a cargar el cel. y a la calle. El viento soplaba bastante y soplaba muy frío, había llovizna y estaba nublado pero había muy buena visibilidad. Cruzamos el Sena y caminamos hasta la torre Eiffel, ahí nos encontramos con Dariush. Pasamos debajo de la torre (la torre es IMPRESIONANTE desde donde la veas) y caminamos por el Champ-de-Mars rumbo al Hôtel des Invalides pero como nuestro acceso era hasta más tarde seguimos caminando, en el interludio por fin pudimos comer y tomar algo (el croissant y el café son una cosa MARAVILLOSA también). En un interminable bucle de abrir y cerrar el paraguas, avanzamos y contemplamos el puente Alejandro III y nos tomamos fotos, cruzamos hasta el otro lado pensando que era buena idea y llegamos a los Grand y Petit Palais. Después de ver y tomar más fotos emprendimos el regreso a los Invalides. Mientras admiraba la estatua de Winston Churchill dejó de chispear para empezar a llover, a mitad del camino nos atacó un diluvio bíblico que duró 5 minutos y que nos dejó completamente empapados, los paraguas fueron inútiles ya que el agua nos atacó por todos lados. Finalmente, bien mojados y cabizbajos, nos metimos al museo. La tumba de Napoleón está muy cabrona al igual que la exposición de la segunda guerra mundial. Me compré un par de calcetines de Napoleón en €17 y nos metimos al baño a secarnos lo que pudimos y cambiarnos los calcetines mojados. Medio secos, con un chingo de frío y hambre, seguimos caminando. Ya de noche (a las cuatro de la tarde ya es de noche) llegamos a la Place de la Concorde que era donde ejecutaban a la gente que se portaba mal incluyendo a Luis XVI y a María Antonieta y nos metimos al mercado navideño que había ahí en el Jardin des Tuleries. Tomamos vino caliente y probé la exquisitez de los escargots, o caracoles, como le quieran decir. Le seguimos derecho hasta el Louvre y hasta Notre-Dame. La catedral, a pesar de que la están remodelando, tiene una vista de no mames así que nos sentamos frente a la fachada y nos quedamos admirándola por un rato. Emprendimos la huida para ir por las maletas de Dariush que se iba esa misma noche a Berlín. Se fue el güey y la Franca y yo nos regresamos al Airbnb en metro. Todavía mojados llegamos a la estación cerca del alojamiento pero el hambre nos hizo caminar de regreso a buscar comida y un baño por que me estaba orinando. Después de mucho caminar llegamos a un McDonald's y pedí una royal con queso, no pude entrar al baño por que costaba cincuenta centavos de euro y para ese entonces todavía traíamos €0 en efectivo; oriné en la calle. De regreso al cuarto llegué por un kilo de arroz y cheves, llegando al cuarto estaba la dueña, nos había pedido que si podía quedarse con nosotros entonces pues compartimos, le puse el arroz a mis tenis y los puse en la ventana y me metí a bañar con agua calientita, nos fuimos a dormir.
Nos levantamos temprano para ir a ver a la Mona Lisa, llegamos al Musée du Louvre y nos formamos, estuvo chido por que fuimos como los sextos en entrar y todavía no se hacía la pinche filota. Entramos y empezamos el recorrido, la verdad las obras que expone son impresionantes y todo es sumamente hermoso, si te das prisa y vas temprano alcanzas a ver muchas muchas cosas. La Mona Lisa en sí es pequeña pero admirable y muy muy chingona, enfrente está la pintura de las bodas de Caná que abarca una pared completa y también está pasadísima de verga. Nos dimos tiempo para ir a desayunar ahí mismo adentro y seguir el recorrido, las esculturas están muy cabronas también y casi lloro cuando vi la Venus de Milo. "Terminamos" la visita y ahí mismo en el museo fuimos a cambiar unos euros, ya estaba hasta su puta madre la filona. Caminamos hasta la Sainte-Chapelle pero no compramos boleto entonces sólo contemplamos por fuera, volteé a ver la fila para entrar y nos hubiéramos llevado buen rato ahí. Nos dimos un rol por el barrio latino y nos entretuvimos viendo a señores jugar petanca, caminamos hasta Montparnasse y visitamos la tumba de Porfirio Díaz, Jean-Paul Sartre y otras. Como ya se iba a hacer de noche le dimos al cuarto para hacer maletas, en el trayecto compramos cheve y la pizza hut más deliciosa que he comido. Salimos con buen tiempo y en el trayecto en metro pasamos enfrente de la torre Eiffel justo cuando hacía un show de luces y estuvo muy cabrón. Nos bajamos y caminamos a la central donde tomamos el autobús rumbo a Alemania.
13 horas después y con ganas de partirle su puta madre a un negrito que no paró de mamar pero que iba con otros 11 entonces pues aguantamos su desmadre y el terrible olor que emanan; llegamos a Berlín. Bajando del autobús caminamos como veinte metros y llegamos al hotel donde ya estaba Dariush. Nos instalamos, bañamos y cargamos el celular para irnos a conocer la capital alemana, me desayuné una Heineken que me compré desde París. El frío nunca dejó de estar de la chingada a partir de ese día. Tomamos el metro y cuando bajamos de la estación, otro negrito se la hizo de pedo al Diablo de la nada pero pues lo sordeamos y caminamos rápido, llegamos a la East Side Gallery que es el pedazo más grande que queda del muro de Berlín y en una tiendita de souvenirs compramos cerveza que nos la fuimos tomando mientras caminábamos viendo las pinturas, la venden de a 355 y 500 ml como las cocas. Con la combinación frío-chela nos dieron ganas de mear así que nos metimos a un centro comercial a buscar el WC y ahí, accidental y milagrosamente, conocimos la tienda REWE donde descubrimos que vendían comida muy barata y pues chida en general. Con un chingo de hambre y como por €4 ahí compré un chamorro entero de puerco con el que aguanté hasta la noche. Después de comer seguimos rumbo a la Alexanderplatz donde tomamos más vino caliente y más cerveza en un mercadito navideño, me traje el tarro de recuerdo. En la plaza comercial de enfrente fuimos a comprarnos una chaqueta que le hiciera frente a ese pinche friazo pero estaban muy caras entonces nos aguantamos, pasamos por Checkpoint Charlie y luego a un lugar que se llama "Topographie des Terrors" que era la central de la SS en tiempos nazi. Después caminamos hasta meternos a un lugar-callejón que decepcionaría mucho a nuestras madres y encontramos un bar que le recomendó una alemana a Dariush. Pinche lugar espectacular, ahí en el "Clash" tomamos chelas y ya peditos regresamos al hotel a cenar pizza cara y decepcionante y tomar chela un poco más barata y deliciosa hasta la inconsciencia. Al día siguiente desayunamos en el hotel y luego agarramos calle. Vimos el Monumento a a los judíos asesinados, pasamos por la puerta de Brandeburgo y compramos entradas para el edificio del Reichstag donde nos hicieron una carta formal mamadora para entrar. Unos morros nos quisieron tumbar feria pero los sordeé alv, pinche Franca sí les dio $10 usd. Caminamos hasta la catedral que está bien cabrona, nos metimos al museo Altes y después fuimos por una salchicha y por cerveza a un mercadito navideño cerca de ahí, seguimos y nos metimos a una iglesia que es la más antigua de Berlín o algo así y pasamos por más mercados navideños y luego no nos quisieron atender en un bar que tiene tres pisos hacia abajo que por que estaba TODO lleno y reservado. Fuimos a un bar español a tomarnos una cervezota, luego por cigarros y luego compramos souvenirs y más cerveza que nos la tomamos afuera de la tiendita mientras nos atacaba el frío. Caminamos más y entramos a la iglesia de Santa María y caminamos más y entramos a un bar de "hielo" donde pisteamos a -16°C. Fuimos a cenar salchichas con papas y curry y tomamos el metro de regreso al hotel.
Desayunamos en un REWE (ahora pedí estofado de res y verduras) y luego fuimos a la visita y recorrido por el Reichstagsgebäude, recorrimos la ciudad y tomamos cerveza en un bar fino donde casi no nos hicieron caras, la cerveza: increíble. Comimos-cenamos en otro REWE (pedí algo que era como pastel de carne) y fuimos a recoger las maletas al hotel. Echamos cheve esperando la hora y tomamos el autobús nocturno a Ámsterdam.
Llegamos a Ámsterdam mucho antes de que saliera el sol y nos estábamos convirtiendo en paletas, salimos de la central por que Dariush estaba desesperado por dejar el equipaje y supongo que por el frío así que fuimos a buscar dónde podíamos dejar las maletas por que el check-in en el hostal era hasta las cuatro de la tarde (mi culpa). El mapa nos mintió y caminamos demasiado y de oquis. Regresamos a la central y ahí estaban los lockers, el sol ya estaba saliendo entonces dejó de helar para empezar a hacer frío, la ciudad y arquitectura me parecieron absurdamente hermosas y desde temprano la ciudad entera huele a mota siempre. Me compré un café y un plátano y caminamos hacia el centro de la ciudad, llegamos al palacio real y admiramos. Ya entrada media mañana desayunamos en una cafetería más adentro de la ciudad donde pedí un desayuno inglés (huevos fritos, salchicha, pan tostado, verduras salteadas, mantequilla, frijoles en salsa de tomate) con cerveza de barril neerlandesa. Fuimos al recorrido de la experiencia Heineken, nos dieron cervezas y al calor de las copas Dariush y yo discutimos en torno al deporte, todavía no daban ni las doce. Seguimos recorriendo la ciudad y entramos al museo de Van Gogh y a la casa de Ana Frank, paseamos por el barrio rojo y buscando lugares para cargar el celular comimos una pizza estilo Nueva York que estaba equis pero el lugar estaba calientito y estaba barato. Hay un CHINGO de gente en bicicleta y en carritos eléctricos bien chiquitos. Ya más de noche y entre trabajadoras sexuales chambeando y ofreciendo su servicio en esas vitrinas grandes y luces rojas de neón, regresamos con rumbo hacia la central por que el hostal está cruzando el río y ahí en la central había que tomar el ferry. Nos instalamos y nos regresamos al lobby por que dentro del hostal hay un bar, un antro y una sala de juegos y la madre; pedimos unos tarros de cerveza y nos fuimos a las mesas de billar. Fuimos por más cervezas y jugando billar se nos acercó un peruano con el que platicamos un rato, yo digo que su intención era que le invitáramos alguna droga por que #mexicanos y cuando vio que nomás no, ni dijo cámara ni nada y se fue. Pedimos cervezas y más cervezas (la más rica que había probado) y después todo está borroso. En la mañana por fin pude tomar un baño después de como dos días y empacamos por que el pinche check-out era a las 10:00, recogimos todo y nos fuimos a tomar el ferry de regreso a la ciudad. Dejamos el equipaje en los lockers y buscamos dónde desayunar, llegamos a una cafetería con malas opiniones en Google a las espaldas de la iglesia Oude Kerk y esta vez pedí desayunó holandés (lo mismo que el inglés pero con ensalada en vez de frijoles) y café. Caminamos por las calles de la ciudad y por primera y única vez en todo el viaje vi un animal en la calle, era un gato que me ignoró cuando le hablé, las chicas de los aparadores seguían trabajando. Nos tomamos fotos y compramos souvenirs y dimos un paseo en bote por los canales de la ciudad que estuvo muy chingón. Después de eso nos empezamos a meter a diferentes bares a probar diferentes cervezas y tuvimos pláticas muy profundas durante; probamos las papas a la francesa "más deliciosas del mundo" y cerramos en un Pub inglés con unas Guinness riquísimas. Al mismo tiempo que caía el sol, era momento de partir de esa mágica ciudad. Recogimos el equipaje y tomamos el tren de regreso a París. Tres horas de trayecto después, llegamos a Gare du Nord y como todavía faltaban siete horas para nuestro vuelo, teníamos tiempo para visitar otro lugar. Nos rifamos caminando a la capilla del Sacré-Coeur que en teoría no estaba lejos pero nadie te dice que para llegar hay que subir UN CHINGO de escalones. Pasamos por unas calles bien culeras donde genuinamente temimos por nuestra seguridad pero después de eso y la perra subida con todo y maletas, llegamos. A las faldas de la iglesia había un wey con una bocina a madres y sonaba Grupo Firme, la vista de la ciudad desde ahí arriba está muy cabrona y la basílica por si sola es una pinche belleza. Admiramos un rato (y con "admirar" me refiero a agarrar aire) y nos regresamos a Gare du Nord para irnos al aeropuerto. De bajada nos topamos con una pinche ratota gigante en las escaleras que nomás se nos quedó viendo en un tono retador pero asentamos la cabeza en señal de respeto y temor y seguimos nuestro camino. Dimos un poquito más de vuelta al regresarnos por otro lado por que por donde nos metimos al chile sí estaba culero, había un local mexicano donde vendían tortas, tacos y tequila, ahí afuera platicamos con un bato francés que muy insistentemente nos decía que entráramos que por que estaba bueno pero le dijimos que nel y seguimos. Llegando a la central nos dimos cuenta de que el tramo en tren de ahí al aeropuerto estaba en remodelación así que pedimos oootro pinche Uber. La neta sí estaba lejos el aeropuerto pero como era de madrugada llegamos relativamente rápido, pasmos por el Stade de France y fuera de eso, todo estaba en completa oscuridad. Llegamos al aeropuerto Charles de Gaulle y como todavía faltaban unas cuatro horas para abordar nos dispusimos a dormir en unas de las bancas dentro del aeropuerto. Encontramos lugar junto con otras personas que igual supongo esperaban los primeros vuelos de la mañana. Franco empezó a roncar no sin antes señalarme un ratón que se paseaba entre las bancas y maletas de esas gentes, entonces ni de pedo me iba a dormir yo. Esperando diera la hora me entretuve paseando por el aeropuerto, cuando regresé a la banca y un poquito más dispuesto a echarme un sueño veo que entra un vago de esos que mejor prefieres sumergirte y bañarte en el drenaje. Traía su carrito del super lleno de latas y sabe qué más y se sentó ATRÁS de nosotros el wey, había como 20 o 30 cm de distancia entre su humanidad y la nuestra e impresionantemente tan pronto se sentó, empezó a roncar. Sin exagerar, pero como el aeropuerto estaba en completo silencio y muy solo, se podía escuchar en toda la terminal el cabrón, nunca escuché sonidos como los de su garganta. Estuvo así unas dos horas, nada más se levantó y se fue, mi Franquito ni se inmutó.
Llegó el momento de abordar y nos dieron chance de documentar nuestro equipaje y recogerlo hasta México lo cual estuvo con madre; nuestro siguiente y último destino del eurotrip: Roma.
Llegamos al aeropuerto Roma Fiumicino al amanecer y nos salimos en chinga por que teníamos escasas 11 horas para ir a la ciudad y regresar a tomar el vuelo a México, agarramos el tren que conecta la ciudad con el aeropuerto y afortunadamente no nos tocó revisión por que no habíamos timbrado el boleto (en nuestra defensa no sabíamos sino hasta que íbamos trepados) y nos hubieran cobrado como 50 euros de multa. Eso de "en chinga" ocurrió en otra dimensión por que en esta nos volvimos a perder y cuando faltaban 15 minutos para nuestra reservación en el Vaticano , estábamos a 40 de distancia (tuve que comprar los boletos mediante una agencia de dudoso actuar). Nos bajamos unas estaciones antes y pedimos otro pinche carro, esta vez era un Mercedes Benz entonces pues estaba cómodo. Llegamos al Vaticano, tarde y con todas las esperanzas puestas en que no se perdiera nuestra reservación. Sí la perdimos. En la entrada nos quisieron hacer creer eso (otra agencia), y nos quiso vender otras entradas por el triple de lo que pagué por las que ya habíamos "perdido" les dijimos que "lo íbamos a checar" y fuimos a las oficinas de la agencia que contacté inicialmente y sólo nos cobraron 5€ por el cambio de hora.
Entramos a los museos vaticanos y lo primero que hicimos fue buscar comida por que ya teníamos un chingo sin comer. Desayunamos en la cafetería y empezamos el tour, pasamos por los jardines y por los pasillos hasta que nos detuvimos una media hora para contemplar el techo de la capilla Sixtina que resumiré como: Lo más hermoso que he podido ver (hablando de arte/arquitectura). Despúes de sentirme realizado, seguimos el recorrido y llegamos a la basílica de San Pedro, la neta no entramos por que la fila era una mentada de madre así que sólo contemplamos por fuera, la plaza, el obelisco y las fuentes. Compramos souvenirs y seguimos nuestro camino hacia el Coliseo. Pasamos por el Castel Sant'Angelo , muchas iglesias, el monumento a Víctor Manuel II, el foro romano, el templo de Venus y Roma y finalmente el Coliseo Romano. Contemplamos, nos tomamos fotos y emprendimos la huida a la central de Termini de donde tomamos el metro de regreso al aeropuerto. Esta vez sí timbramos los boletos y sí nos tocó revisión. En el camino a la central nos topamos con más iglesias y plazas y claro que nos volvimos a perder, hay muchas motos y las calles están bien angostas.
Llegamos a buena hora al aeropuerto y pasamos a la sala de espera. Compramos chocolates y también de comer/cenar, el aeropuerto ese es un centro comercial muy fino y muy muy grande. Agarramos un trenecito bien nice hasta la zona en dónde abordamos y nos dispusimos a tomar nuestros asientos sin idea de la pesadilla que se avecinaba. En el asiento de a lado había un niño que lloraba como si le estuvieran arrancando las uñas una por una, lento y con pinzas para las cejas. La madre no le decía gran cosa y el papá que estaba en otro asiento pues tampoco. Aturdidos, hartos, cansados, cochinos y desvelados nos aguantamos el llanto del morro hasta que se calló. Los tripulantes de la cabina visiblemente hasta la madre también, le hicieron un comentario a la familia del huerco gritón y casi se arman los chingazos pero el que supongo era el papá se arrugó o eso creo, yo traía mis audífonos. Del otro lado nos tocó con un güey que era de Puebla pero trabajaba en Suiza o un pedo así y tampoco se callaba, no sé, el Franco se chutó todo el vuelo platicando con él. Cenamos y desayunamos en el avión.
Llegamos al AICM e hicimos como dos perras horas de fila en migración, recogimos las maletas e hicimos el cambio de terminal. Esperamos nuestro vuelo y partimos rumbo a Monterrey donde Dariush nos estaba esperando así que una vez aterrizando, hicimos unos depósitos en el bañorte y nos subimos al carro. Hora y cacho después y tras doce días de intenso tour, llegamos a la ciudad de la furia mejor conocida como Saltillo, Coahuila.