lunes, 6 de abril de 2020

La 5ta Escuela Nacional de Fundición de la UNAM 2019. Parte I

No están para saberlo, ni yo para contarlo, pero hubo un verano en el que seis apuestos estudiantes del programa de ingeniería en materiales con especialidad en procesos de fundición por parte del Instituto Tecnológico de Saltillo se enfrascaron en una aventura por la gran urbe famosa por meter tamales y chilaquiles a un bolillo, ¿y saben qué?, están buenísimos. ¿Y saben qué más?, están a punto de leer mi reseña (no autorizada) de esa experiencia religiosa que tuvo lugar una semana de entre el 17 y 22 de junio del año 2019 d.C. y que agradezco a *inserte la deidad de su preferencia* la oportunidad de haber estado ahí pero sobretodo de compartirla con esos valientes caballeros que hicieron de esos seis días el viaje académico más añorable dentro de mi corta pero sobretodo guapa existencia.

Ahora bien, ¿han escuchado el viejo dicho que proclama: "Un camino de mil millas comienza con un paso..."?; bueno, para lo que a nosotros concernió, todo comenzó con un correo electrónico de invitación por parte de la máxima casa de estudios para formar parte del selecto grupo de 40 estudiantes de universidades de todo el país del frijol charro que estarían de manera presencial dentro de las aulas de la facultad de ingeniería química-metalúrgica durante esa semana para atender al evento anual; después le siguió la confirmación de cada uno, el pago de la cuota del curso, los boletos de avión, el hospedaje, y finalmente el traslado hacia el aeropuerto y el check-in de cada uno dos horas antes de la hora del vuelo (9:00 a.m. y que por cierto, son 3 antes si es vuelo internacional) en la terminal A de aeropuerto internacional Mariano Escobedo.
Una vez cumpliendo con lo anterior, quedamos de vernos en la tarde-noche del día anterior (domingo 16)  para pasar la noche en casa de uno de nosotros y poder salir lo más temprano y con el menor contratiempo posible. Total, que unos taquitos de huevito con chorizo. café y sesenta y cinco minutos de camino después, desvelados, modorros, miedosos, ansiosos de veras y con ganas de comernos la CDMX a pedazos o en tortas, cuestión de perspectivas; nos encontrábamos esperando el vuelo 2129 de Interjet que nos llevaría a nuestro DFctuoso destino. Así, dos horas de espera y media de retraso después, su correspondiente depósito en el bañorte, chucherías del duty free y una hora y cachito de traslado aéreo después, nos encontrábamos dando vueltas por las pistas del aeropuerto internacional Benito Juárez  otra hora por que, pues estaba hasta su puta madre y no había lugar en dónde el avión pudiera dejarnos, así que mandaron unos camioncitos que fueron por nosotros y nos llevaron a la zona por donde dejan las maletas para de una vez y por todas, hacer nuestro triunfal ingreso a la Ciudad de México. Acto seguido buscamos nuestro equipaje y tomamos el transporte que habíamos contratado para que nos llevara a lo que sería nuestro hogar durante los siguientes seis días. Cabe destacar que por aparte, otros dos y no tan apuestos estudiantes del mismo programa, misma especialidad y mismo instituto iban a acompañarnos en la patoaventura citadina con la diferencia de que ellos viajarían y se hospedarían por aparte.
Fue así que el arribo a nuestro edificio se dio sin problemas más que el trafico y contaminación característicos de una ciudad de diez millones de habitantes; nuestro departamento, imponente en el último piso de un tradicional edificio citomexiquense sobre la avenida Nuevo León en la colonia Condesa, ¡aaah' por que si íbamos a vivir el sueño capitalino lo íbamos a hacer bien y lo íbamos a hacer con el mejor lujo que estudiantes universitarios provincianos promedio podían pagar(que ni estuvo caro la vdd); nos estaba esperando. Bajamos entonces de la suburban que nos había transportado desde el aeropuerto y esperamos a que la dueña del departamento bajara para mostrarnos el lugar, darnos las llaves, las indicaciones de seguridad y hospedaje y una muy cálida bienvenida que auguraba una tranquila y amistosa estadía en el lugar, o eso creíamos. Fue así que después de instalarnos, escoger pareja y camas, darnos un baño (por separado) y alistarnos; estábamos listos para la primer actividad concerniente a nuestro motivo del viaje: Conocer las instalaciones de la famosa ciudad universitaria y el respectivo tour a lo que sería nuestra segunda casa durante esa semana. Bajamos entonces por el ascensor y una vez subidos al uber que habíamos pedido era que nos encontrábamos camino a la cita con el destino que tres meses antes nos habíamos propuesto enfrentar. Ya estábamos ahí, on the road con las bolsas llenas de sueños e ilusiones, un hambre de su puta madre por que no habíamos comido nada, a 850 kilómetros de nuestras casas y sin la mínima idea de lo que estábamos a punto de vivir por los siguientes seis días.
Con ustedes los valientes héroes de esta historia: De izquerda a derecha Gordo, Güero Viesca, Paquito, su servidor, Edzzzon y Juan.

El camino hacia C.U. estuvo piloteado por un conductor local que en resumen, nos dijo que si entrabábamos a Tepito, a la delación Cuauhtémoc, a Coapa o a Iztapalapa y nos veían un paso dudoso en nuestro caminar íbamos a salir de ahí en pedacitos o empaquetados y enviados a destinatarios de algún mercado negro. Anyway, entre pláticas de ese tipo, de six flags y su ingreso que estudiantes universitarios provincianos no podían pagar :( , lugares de interés e "interés", rutas de regreso y aplicaciones de transporte, llegamos a nuestro destino: el edificio de rectoría de la UNAM, Ahí nos citaron para el recorrido, algo así como a mediodía, con el sol a plomo y sin la más remota idea de con quién nos veríamos. Entre dimes y diretes, mentadas de madre entre nosotros provocados por el hambre y el sol, propuestas para ver qué parte de Paquito nos comíamos primero en caso de una emergencia y las primeras fotos de nuestro naciente viaje; empezaron a llegar los demás estudiantes y despúes nuestros anfitriones y a la postre buenos amigos: el inge Leopoldo y el Inge Carlitos bb. 
Carlitos era aquel típico estudiante que por allá de su octavo semestre ya le había agarrado la onda al primero, de torpe caminar, barba de candado, trompa gruesa, altura chilangueña y un corazón tan grande como la misma ciudad universitaria. El inge leopoldo, de cuerpo más exquisito, mismas características de estatura pigmea y un sentido del humor bastante peculiar, hacía más amena las pláticas y evitaba a toda costa los silencios que pudieran empezarse a gestar. Ellos eran los encargados de darnos el recorrido y de todas las actividades en general durante el curso.

Pero bueno...al cabo de unos minutos se completó el grupo y nos empezaron a llevar por los jardines e instalaciones de universidad, ponernos un vídeo introductorio, historia de campus y bla bla bla, después nos dedicamos a apreciar los murales más importantes que ahí se exhibían ante los miles y miles de estudiantes que pasan a diario, muchos de ellos obras de los denominados tres grandes del muralismo mexicano: David Alfaro Siqueiros, Juan O'Gorman y Diego Rivera y para terminar, el mero mero, el mural de la biblioteca, la joya de la corona, cuatro mil metros cuadrados de belleza y arte, revestidos en su totalidad por piedras naturales, de 10 mil colores y resistentes a la intemperie según cuentan, de todos los estados del país; imposible no asombrarse, preguntarse cómo se llegó a la realización del mismo y sobretodo, enorgullecerse delo que las manos y el ingenio mexicano pueden llegar a construir, ¿pueden creer que el señor O'Gorman creador de dicho mural se suicidaría 3 veces por allá de 1982?, vaya tipo.

Selfie de carlitos con los seis burritos pardos de fondo a punto de pisar el histórico césped del estadio olímpico.

Carlitos y su adoración la Coca-ColaⓇ con los mismos seis magníficos pero bañados y peinados.



Terminamos en los dominios del anexo de la facultad de química edificios D y E a eso de las casi seis de la tarde y después de haber estado en un sin número de murales, escuelas, facultades, jardines dónde venden y consumen drogas, sitios dónde han matado estudiantes, el estadio olímpico, después de ver cómo se chingaban entre 3 vatos de ahí unas caguamas y después de chingarnos nosotros unos tacos de canasta de a tres varos; nos llevaron al edificio en unas camionetitas por que vaya que es una ciudad la ciudad universitaria y mostraron las aulas dónde las clases tomarían lugar a partir del día siguiente.

Una vez llevado a cabo este proceso, nos mandaron a chingar a nuestras madres. Así que ahí estábamos, seis estudiantes pueblerinos, provincianos, sudados, cansados, ojerosos, sin bañar, sin dormir, 5ger y con comida de dudosa procedencia (pero muy sabrosa) en las tripas sin saber cómo regresar a nuestro departamento fresón, alfa, cimientos de adamantium, madera del caballo de Troya en la duela, illuminati, reptiliano y verga con chanfle. Entonces llegaron a nuestros oídos una voz que afortunada o desafortunadamente traeremos siempre en la cabeza: "...¿y ustedes que transa, jóvenes?"... volteamos y ahí estaban, sonrientes y chaparros, brillaban (yo creo por el sudor que a todos nos había provocado la caminada) el inge Leopoldo y su fiel acompañante Carlitos <3, si les digo que a estos se les salía el corazón del pecho. Nos hicieron el favor y honor de acompañarnos hasta la parada del PumaBus ruta 10, nos bajaron en las cercanías de la escuela de trabajo social y nos subieron al metrobús de la línea 1 en dirección a IndiosVerdes, pero había que tener cuidado nos advirtieron, nuestra parada bien podía ser la de NuevoLeón o la de Chilpancingo o si no ya habría que empezar a caminar y alejarnos cada vez más. Y así, sin más, nos aventaron a nuestra sarapera suerte. Recargamos nuestra credencial de transporte urbano y nos dispusimos a subir al primer vagón en dónde pudiéramos caber. 

Gente, a esa hora créanme que todos salen, todos quieren llegar a sus casas y todos quieren subirse al chingado metrobús. Después de algunos pares de vagones llenos, por fin veíamos la oportunidad de subirnos a uno y romper las leyes de la física y que dos cuerpos ocuparan el lugar de uno (casi como el Ramos aquí en la capital coahuilense) y llegar a casa, ir por unas cervezas. Fue entonces, que le dije al Gordo, que en aquel entonces (orita pos también pero nuestros horarios laborales ya no lo permiten tanto) nos compraban en oferta de te llevas uno y ahí va el otro de regalo, pan y mantequilla, uña y mugre, Batman y Robin, el Chapo y Gullit Peña del León bicampeón, Fe y C en el acero, fama y escándalo; que en este vagón nos subíamos sí o sí. Llegó el vehículo, sóno el timbre y al abrirse sus puertas me quedé congelado en una escena dónde sólo puedo recordarme a mí a medio paso de haber entrado al vagón y al pie del Gordo que se iba alejando cada vez más por todo Insurgentes mientras iba atorado entre las dos puertas del transporte. Dios de mi vida, y eso que el primer día todavía no estaba ni cerca de acabar...

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