Mi primer recuerdo de Pedro fue quizás de los primeros que tengo desde que hago uso de razón y conciencia. Unos 3 años tenía el mundo de haber visto por primera vez semejante belleza en mi existir cuando mi papá me llevó al ejido (ahora colonia) dónde viven mis abuelos y me lo presentó: "él es tu hermano, se llama Pedro" y Pedro (seis años mayor) inmediatamente sacó de abajo de la cama una caja de reja de las de madera donde llevan las frutas, llena de juguetes y se puso a jugar conmigo. Así, de la nada ya tenía un nuevo súper héroe y cada domingo que íbamos a visitar a mis abuelos me emocionaba doble por que aparte de ver a mis primos y acabar sucio hasta la madre, vería a Pedro y quién sabe ahora a qué íbamos a jugar o qué me enseñaría a hacer. Para ese entonces yo estaba muy pequeño como para entender que a veces tus hermanos pueden no ser necesariamente de tus mismos papá y mamá al igual que uno. Sea como sea, uno como criatura no tiene la culpa de eso y pues yo aprovechaba a mi medio hermano todo lo que podía.
A veces Pedro venía y se quedaba a dormir un día o dos a la casa y eso significaba que me iba a pasar los niveles del SuperMarioWorld que no podía pasar yo solito, también que no dormiría porque me iba a contar las historias de terror más espeluznantes que un niño de 5 años podía escuchar y que jugaríamos con carritos y figuras de acción la mañana siguiente; pero también significaba que mamá estaría un poco irritada porque un hermano que yo tenía pero que no era su hijo estaría en su casa, comería su comida y dejaría el cuarto de las visitas oliendo a pies. Pero eso a Pedro no parecía importarle, a mi papá menos y yo era muy feliz cuando eso sucedía.
Cuando tenía por ahí de 7 años, Pedro hizo que yo le rompiera la nariz a un niño que se pasó toda la tarde chingándome la madre y luego me hizo llevarlo hasta con su mamá para explicarle y pedirle perdón.
Cuando Pedro se graduó de la primaria yo estaba con él y sus amigos (que a la postre crecimos y se hicieron mis amigos también) antes de que salieran para sentarse a esperar que los llamaran en el auditorio de un edificio de la SNTE en el centro para su graduación, pero por alguna razón hubo un momento en el que me encontré solo peleando contra unas cortinas enormes color café y con mi navaja de Peter Pan cuando en eso llegó un güey enorme (de los graduados de 6° año) a decirme que era joto, que mi hermano era joto y mi papá era joto también y que Peter Pan, por si faltaba algo, era joto igualmente, en ese entonces ni puta idea del gay pride. Anyway...el grandulón me quitó mi juguete y se fue. Un mes o dos después que fui a visitar a mis abuelos, llegó Pedro con mi navaja y me dijo que le había partido la madre al otro wey y una de mis primas, que estaba con él en la secundaria, me lo confirmó. Yo estaba súper emocionado por ello y recuerdo haberles dado un abrazo a ambos en señal de "agradecimiento" por ello y después jugamos todos los primos a aventarnos de esas calabacitas redondas que crecen en los ranchos. También recuerdo haber ido a verlo jugar football americano, después de los partidos yo iba corriendo hacia él y él me llevaba por refresco y me regalaba el lonche que les daban al acabar el juego y luego yo corría en el campo junto a otros niños que también andaban ahí de gorrosos.
Mientras íbamos creciendo, nuestras vidas se fueron desarrollando de diferente manera, y era obvio, creo. Mientras yo iba al colegio en la primaria, él iba a la secundaría en el turno vespertino.
Una vez recuerdo haber visto por accidente en su boleta de calificaciones puros 5 en las casillas. Mi papá me llevó para irlo a recoger y supongo que algo así como hablar con algún maestro, papá se bajó del carro y al poco tiempo llegó Pedro con una patilla impresionantemente larga y la cabeza rapada jaja, mi papá después de un rato volvió con el gesto iracundo que lo caracteriza y con su navaja le rebanó la patilla de un corte; Pedro se quedó lo que quedó de la semana en la casa y jugamos mucho Mario Kart. Fuimos creciendo y noté que llevaba un ritmo de vida un poco más distinto para lo que yo podía entender, lo dejé de ver seguido y aumentó el número de veces que cuando lo veía, lo veía en otra realidad; no importa, yo lo seguía viendo con admiración y respeto y de mientras, cuando se daba la oportunidad, mi papá lo sermoneaba en frente mío.
Luego, años después fuimos toda la familia a nuestro tradicional viaje de semana santa, a Tampico esta vez y yo estaba muy emocionado de entre muchas cosas, por que Pedro iría con nosotros. Se volvió algo preocupante por que el primer día en la playa se puso tan hasta la madre de cerveza que mi papá tuvo que darle unas cachetadas para reanimarlo y poderlo sacar del taxi de regreso al hotel; ya no estaba tan chido que de lo poco que lo veía, lo veía en facultades como esa. La lista sigue, pero llegó un momento de positivismo cuando retomó sus estudios de la prepa al mismo tiempo que yo cursaba la secundaria, él la hacía en el ejido de Derramadero y yo en la Viesca en el centro y cuando salía se venía a Saltillo y trabajaba en el turno de la tarde en el laboratorio de fotografía que atendían mis padres; fueron quizás los meses más lúcidos que le recuerdo. Ahora jugábamos en el xbox en los ratos libres, jugábamos también a ver quién acababa más rápido el juego de solitario de las computadoras, nos aprendíamos la tabla periódica y escuchábamos canciones de Arjona en la grabadora del local. Me echó mucha carrilla cuando me suspendieron por haberme peleado en la escuela y mucho más cuando supo que me gustaba PXNDX. Yo le echaba carrila por que ya estaba "grande" y no se le veía novia por ahí pero sí pelos en la mano. También me daba una leve introducción a lo que era la pandilla de la cual formaba parte y que tenía que ver con la mítica isla Aztlán de dónde venían los aztecas al mismo tiempo que yo le introducía al mágico mundo del Age of Empires II. Luego, la cereza del pastel de las carrillas ocurrió cuando se enteraron que yo le gustaba a la chica del expendio que estaba al otro lado del local y no dejaron de burlarse hasta que la chica se casó tiempo después. Durante ese periodo de tiempo me enteré que una de mis amigas que entrenaba Tae-Kwon-Do conmigo y que me gustaba mucho compartía salón de clases con Pedro en la prepa y que se volvieron mejores amigos o algo así y ahí escuché por primera vez y gracias a ella la palabra "qué pequeño es el mundo" cuando supo que éramos hermanos Pedro y Yo.
Ésos, lamentablemente, además de ser los momentos que más buenos recuerdos me traen, vienen acompañados de una profunda tristeza y decepción que hasta el día de hoy me tienen con el pensamiento recurrente en la cabeza de que qué pedo.
Cuando yo cursaba el segundo año de secundaria era el lejano año 2009 de nuestro Señor y en febrero, en un domingo como cualquier otro, me encontraba yo jugando con el equipo de fútbol de aquel ejido (ahora colonia) en la liga de fútbol amateur de la ciudad. Consuetudinariamente, Pedro estaba ahí viéndonos jugar y después de ese partido, la plática desembocó hacia el súper tazón de ese año en que los Acereros de Pittsburgh se verían de frente a los Cardenales de Arizona; entre dimes y diretes, Pedro decía que la defensa de los Steelers no tendría argumentos para detener al receptor sensación de Arizona en ese entonces: Larry Fitzgerald, el Negro y yo, por nuestra parte, le decíamos que ni de pedo eso iba a poder doblegar a la famosa cortina de acero, liderada todavía por Troy Polamalu; y así discutimos un buen rato hasta que la platica quedó en que a partir de la siguiente semana, Pedro iba a empezar a entrenar fútbol americano con los buitres de la UAAAN para lo que yo sólo podía pensar "no mames, qué chingón". Ese día más tarde, afuera de su casa le dije que me la pelaba por que me había chingado el solitario en 30 segundos. No me creyó y como yo ya lo sospechaba le tomé una captura a la computadora y guardé la imagen, entre semana ahí en el trabajo de mamá se lo mostraría y demostraría mi indudable superioridad...Pero por cosas que pasan en esta vida, ese día nunca llegó.
Aquel jueves y como cualquier otro, yo iba con normalidad a la escuela, llegaba a mi casa, comía y me dormía como de costumbre para luego llevar a mi hermano menor a sus prácticas de béisbol de la liga infantil local. Ya que no fue un jueves como cualquier otro, en el parque recibí una inusual llamada de mi mamá diciéndome con con una voz más alterada de lo normal, que saliendo de las prácticas en vez de irnos a la casa nos fuéramos con unos tíos y que ahí pasaríamos esa noche. Después de preguntar "por qué" y después de recibir el clásico "por que soy tu madre y te estoy diciendo y te callas" sólo nos quedó caminar algunas cuadras para poder llegar a dónde nos mandaron. Ya ahí y después de bañarme y cenar, escuché que mamá habló para cerciorarse que ya estuviéramos ahí y para decirle a mi tío algo a lo que luego deducí como "que no se entere Chava".
Recuerdo que al cabo de unos minutos, mi tía se me acercó y me preguntó si sabía lo que estaba pasando, yo conteste que no por que honestamente no sabía que pinches pedo y luego me empezó a decir cosas como "la muerte es parte de la vida" o "Dios sabe lo que hace", cosas así pero que sinceramente yo no entendía un carajo para qué me las decía.
La mañana siguiente cuando estaba por despertarme para irme a la escuela, mamá entró en la habitación y entre sollozos y una voz muy cortada me dijo que Pedro había muerto. Imposible olvidar cómo me levanté emperradísimo e incrédulo a dar vueltas por toda la casa, ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué chingados estaba pasando eso?... un día muy muy largo estaba por comenzar y el primer paso era afrontar la realidad. Cuando íbamos camino a dónde estaban velando a mi hermano pude sentir como una parte de mi y de lo que era cuando niño se convertía en una versión más madura para tomar el lugar del hermano e hijo mayor de mi papá.
El servicio funerario lo tomé con esa madurez, me sacó de onda cómo todos los amigos de la infancia, los primos de la edad y la familia no dejaban de llorar y expresar lamentos. Yo sólo pensaba en cómo la persona sobre la cual había ideado un tipo de vida adulta se había ido, ahora era solo yo. Le lloré hasta que ya iba de saliendo del panteón, a él no le hubiera gustado verme llorar por algo tan común como la muerte.
Hasta el día hoy han sido muy pocos los días en el que no piense en mi hermano. Han pasado tantas cosas sobre las cuales quisiera escuchar algún consejo, pero la opinión de un muerto no sirve de mucho ¿verdad?, simplemente cierro los ojos e imagino lo que habría hecho Pedro en mi lugar...Algún día nos vamos a encontrar los tres y discutiremos sobre eso hasta terminarlo en alguna partida de baraja o de dominó... Pero pues nada, simplemente quería decir algo sobre alguien sobre quién había moldeado cierto tipo de modelo de vida y sobre cierta toma de decisiones que me han llevado hasta donde ahorita.
Te extraño, güey y te quiero mucho.
Chava Valenzuela
XOXO
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