viernes, 13 de noviembre de 2020

2.

 Como si no odiara ya los lunes con bastante vehemencia...

¿Estaba llorando? No. Yo nunca lloro, ¿recuerdan?

Estaba llorando..., msh, ¡que no!, No es cierto, lo que pasa es que se me metió un ADIÓS en ambos ojos, bien pesado y acongojante. (Estoy llorando justo ahora).

Yo no dejaba de ver mis vans, era como si de repente se hubieran convertido en la cosa más interesante del planeta.

Los minutos consecuentes parecieron horas, como si el mundo entero hubiera dejado de girar para acentuar la importancia del momento. Se fueron convirtiendo en milésimas de segundo ya casi al final conforme se iba poniendo el sol.

¿La voy a extrañar? No, ni un poquito.

¿Nada?, ¿absolutamente nada? No, porque siempre voy a estar cerca, de una u otra forma...meh~ la verdad es que la extraño desde el día de nuestro 3er aniversario, quizá un poquito antes.

Pero bueno, retomando, hasta ese día nunca en mi vida me había costado tanto trabajo levantar la mirada; era como si verla a los ojos hiciera que todo se volviera real, como si la fuerza de toda una vorágine de sentimientos y emociones añejas y futuras golpearan de una.

Obvio sí te voy a extrañar, mucho muchote, Memita. Siempre voy a estar pensando en ti y voy a recordarte como todo lo bonito que alguna vez tuvimos y vivimos, lo que pasamos y sobretodo lo que me diste y seré muy feliz por ello, te lo prometo. Odio las promesas pero ésta vez es diferente.

Lentamente, mis ojos empezaron a buscar los suyos, y cuando por fin se encontraron supe que todo había terminado.

¿Por siempre y para siempre?, es inútil y algo tonto pensarlo, nada es así. De igual manera, sólo espero que la próxima vez (si es que llega a haber otra), lo sea y nos cumplamos todo lo que alguna vez nos dijimos; pero el tiempo, que es la mejor medicina (o eso dicen), lo dirá. Por lo pronto sólo queda construir los techos más altos y las puertas mucho mucho más grandes.

Ella me abrazó y después de un beso que hubiera querido que durara tres eternidades, empezamos a caminar, alejándonos uno del otro. Sonreímos.

De momentos giraba su cabeza y levantaba su brazo, yo me quedé parado en la esquina de la avenida de los campanares y la carretera a Monterrey; me gusta pensar que inmortalizó el momento y se quedó con la imagen del hombre más patético del mundo, parado ahí, con cara de hasta luego y el corazón en otro lado.

Te llevas un poquito de mi alma, Napolitano sin fresa.

Fue el adiós más mentiroso que he dicho jamás


...y salió de mi historia tan rápido como llegó; caminando hacía una puerta que la llevaría al resto de su vida, haciendo escala en varias sucursales del éxito.

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